Cafayate: Harto Místico II, la historia de Walter

Una noche de peña

Si no leiste la primer parte, empezá ACÁ!

 

La historia, resumida, cuenta más o menos así. Hace unos años, llegó al hostel Walter, un mochilero de unos 30 años, que andaba recorriendo el norte argentino. Pidió una cama, y Chichí (el dueño), le dio una en la habitación cinco. Walter quería conocer Cafayate bien, y es así que pasaron días y días en los que él se quedó en el hostel, y compartió con Chichí zapeadas, cervezas, comidas y salidas…se habían empezado a llevar muy bien y Chichí ya lo consideraba un gran tipo, abrazándolo o brindando con vino después de terminar una guitarreada. Solo le llamaba la atención lo “chapado a la antigua” que resultaba ser en algunas ocasiones, teniendo en cuenta que no tenía mucho más de 30 años.
Después de haber pasado casi una semana, Walter un día le dijo a Chichí que iría a Tucumán a conocer Tafí del Valle, y que probablemente demore un día en volver o que incluso podría volver en el día (Tafí del Valle está a poco más de 100 km de Cafayate). Con un saludo muy sentido, Walter se despidió de Chichí hasta más tarde.
Tres días después, no había noticias de él. Nunca regresó al hostel. Walter había dejado su mochila grande en Cafayate, así que era extraño que no apareciera. Pasada una semana, Chichí tuvo que llamar a la policía. Comenzó a preocuparle que Walter no regresara, considerando que él aseguró que lo haría y que prácticamente todas las cosas que había traído todavía estaban en su habitación. La policía llegó y labró un acta donde constaba que procedería a requisar las pertenencias de Walter. En presencia de Chichí, la policía abre la mochila, y lo primero que aparece es una carta, y los documentos del hombre. Abren la carta y la leen. Walter de puño y letra escribió que le agradecía a la vida por darle una segunda oportunidad y permitirle haber cumplido con un sueño truncado hace tiempo. Sin entender mucho lo que quería decir esto, Chichí agarra el documento de identidad de Walter. La foto era actual, mostraba a un hombre de unos treinta años, que Chichí reconoció frente a la policía como el hombre desaparecido. Lo que desconcertaba era la fecha de emisión del documento. Década del ’60. ¿Cómo podía ser posible? Y la fecha de nacimiento: años ’40. Nada tenía sentido. La policía volvió a preguntarle la edad posible del desaparecido, y Chichí aseguró que no tenía más de cuarenta años, que su apariencia era la misma que la de la foto, treinta años o menos. El hombre estaba desconcertado por Walter, quién o qué era en realidad, no lo sabía. Así que con la dirección que figuraba en el documento de identidad, la policía y Chichí viajaron hasta Buenos Aires, al barrio de Caballito, donde se suponía que vive (o ¿vivió?) Walter. Tocaron el timbre y una señora de unos sesenta y pico de años abrió la puerta. Preguntó por el motivo de visita de la policía a su casa, y los agentes le explicaron la situación. Mientras le contaban lo sucedido, la cara de la mujer se transformó. Y su primera reacción fue gritar e insultar a los oficiales, y pedir por favor que la dejaran en paz. No creyó una palabra de lo que le decían, hasta que le mostraron los documentos de Walter. A los gritos la mujer preguntó cómo habían conseguido los documentos de su marido, que no era posible que él este de vacaciones por el norte argentino semanas atrás. “El murió hace casi treinta años en un accidente!”-marcó la mujer. “No puede ser, tenemos sus cosas acá, las dejó en un hostel en Cafayate”-Contestó un oficial. La mujer aseguró que todas las cosas de su difunto marido las tenía en un armario que no usaba. Fue directo a revisar el armario, y cuando lo abrió, la mayoría de las cosas de Walter, incluyendo su mochila, no estaban. La policía le entregó las pertenencias de su marido a la mujer, y ella las reconoció inmediatamente, rompiendo en llanto. Su marido había viajado al norte argentino, alquilado la habitación número cinco del hostel de Chichí y compartido noches de cervezas con nuevos amigos, treinta años después de haber muerto. Todos estaban desconcertados. Pero la carta que Walter había escrito ahora cobraba sentido más que nunca.
Chichí volvió a Salta impactado por lo que había vivido. Abrazar y chocar cervezas con un fantasma no es algo que ocurre todos los días. Cuenta Claudio que, todavía hoy, después de noches de guitarreadas, Chichí ve a Walter por el fondo del hostel, cerca de los viñedos, quién una vez terminado el espectáculo, se incorpora, esboza una sonrisa, y se va caminando hacia las montañas perdiéndose en la oscuridad…
Aterrados y fascinados por esa historia, Cafayate, lugar harto místico, nos deslumbró. Sus paisajes, sus historias y su gente fueron una gran inauguración para nuestro viaje. Tanto que nos costó seguir camino.
Esa noche, después de esa historia, no queríamos hacer otra cosa que ir a acostarnos. Así que después de saludar a todos, nos fuimos a nuestra habitación a descansar. Un simpático número “5” pintado en la puerta nos hizo acordar de quién había estado merodeando años atrás en el mismo lugar donde pasaríamos la noche.

 

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2 Respuestas a “Cafayate: Harto Místico II, la historia de Walter”

  1. So dice:

    Hola! muy buen blog, tengo que preguntar…qué hostel es el de la historia?

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