Cafayate: Harto Místico, abriendo los ojos a la “nueva” cultura

"nueva" cultura

Ya arribados en Salta, pasamos la noche en un hostel del centro para dirigirnos al otro día a la mañana a Cafayate. La emoción por empezar nuestro recorrido no nos permitió quedarnos quietos, y en plena noche/madrugada salimos a recorrer la ciudad. Muchos lugares ya estaban cerrados, pero encontramos un barcito donde comer y tomar algo.  Después de unas horas volvimos para descansar.
Al otro día salimos raudos para Cafayate, con la idea de volver a Salta más tarde en nuestra recorrida por Cachi (situación que finalmente nunca se dio). Cafayate se encuentra a 192 km de la capital salteña, y es famoso por sus paisajes de montañas de colores, su gente simpática y tranquila, y sus viñedos, que producen vinos comparables con los mendocinos.
Después de un viajecito en bus, con un sol que partía, llegamos mochila al hombro al pueblo, y nos atacó una horda de gente ofreciéndonos alojamiento. Habremos recibido más de cinco propuestas. Finalmente, una chica nos convenció de seguirla, atrás de unos gringos que también estaban buscando hospedaje. Cuando comenzamos a caminar para el hostel, uno de los hombres que había intentado persuadirnos de visitar su lugar, de la vereda de enfrente nos dijo: “no dejen de pasar por acá, es sin compromiso”. Lo miramos, asentimos con la cabeza, y seguimos a la chica. Unas cuadras más tarde llegamos al lugar, lo miramos, nos gustó, pero el precio estaba en el límite de lo que podíamos gastar. Así que decidimos pensarlo, y Vero sugirió ir a ver el lugar del hombre que nos invitó a pasar cuadras atrás. Yo la esperé con los bolsos, y cuando volvió pareció estar totalmente convencida de que teníamos que quedarnos ahí. La acompañé al hostel y no se por qué me convencí igual que ella. El lugar no era ni más lindo, ni tenía mas onda o más gente que el anterior que habíamos visto, pero los dos no dudamos en que debíamos quedarnos ahí ni un segundo. Y será casualidad (o no), pero en ese lugar conocimos dos personas que nos quedarían marcadas a fuego para todo el viaje. Ellos eran Eduardo y Laura, una pareja de uruguayos que casualmente (repito, o no), estuvieron viajando ocho meses por Latinoamérica, y estaban por terminar su travesía, con punto final en Santiago de Chile. No podíamos creer nuestra suerte. Teníamos enfrente a dos personas que habían hecho algo parecido a lo que queríamos hacer nosotros, y nos podrían pasar de primera mano y más que actualizada, información, precios, lugares, y recomendaciones de todo el continente. Y así fue. Gracias a ellos es que conoceríamos más adelante lugares (incluso países!) que no teníamos anotados en nuestra agenda mental ni por asomo. Fue lo mejor que nos pudo haber pasado. Salidos recién al mundo mochilero, nos encontramos el primer día de viaje con los mejores maestros que la casualidad nos pudo dar. Ahí empezamos a pensar que ese lugar tenía algo especial. Más tarde lo confirmaríamos (creer o reventar?).
Otro de los elementos, (además de nuestros “profesores” uruguayos) que hicieron que se nos vuelva imposible olvidar Cafayate, fue Claudio, el hombre que nos llevó a quedarnos en ese hostel. Rebautizado por nosotros como Catriel, por su fama de macho cabrío y su afición a las mujeres, era un personaje que nos hizo abrir los ojos hacia la cultura indígena que parece que en las grandes ciudades solo se ve en libros de historia. Claudio tenía raíces aborígenes, y un fuerte compromiso con la preservación de la cultura indígena. Nos hizo ver lo fuerte que latía el corazón de la Pachamama en ese pedazo de la Argentina, y nos preparó la mente para todo lo que veríamos más adelante en países como Bolivia y Perú. Ver cómo la cultura americana sobrevivió a la conquista y matanza española, al menos en alguna parte de nuestro territorio, y ver en que consistía ESA cultura, fue nuestro primer golpe con una realidad desconocida hasta ese momento, y fue uno grande. Nos sacudió, nos movilizó, y nos hizo ver con nuestra propia retina lo que nadie nos había contado. Costumbres, creencias, mitos, religión y medicina totalmente diferentes a cualquier cosa conocida, al menos por nosotros.
Aparte de eso, Claudio era un tipo divertido. Tenía mil anécdotas, cuentos, reflexiones, e historias para contar. Para colmo, el dueño del lugar, apodado Chichí, era un artista muy conocido en Cafayate, por lo que por el hostel desfilaban cantantes de folklore, lo que generaba peñas privadas para nosotros solos durante las noches. La escena del hostel la completaban las mascostas: una perra negra enorme llamada Fernet, que había sido madre hace poco, incluso después de haber sido castrada; y su amigo, Hielito, un perrito blanco que nos acompañaba todas las noches a los bares. Pasamos días y días en ese lugar, con Edu y Lau, y no queríamos irnos. Cada vez la idea de que ese lugar tenía “algo” era más fuerte. Y los chicos de Uruguay pensaban igual.
Hasta ese momento, la idea de que ese lugar era especial, para nosotros, era solo una sensación. Pero la confirmación llegó con la historia de Walter. Contada por “Catriel”, que además es un excelente cuentista, nos llevó a considerar a Cafayate como un lugar “Harto Místico” (nombrado así por Eduardo, no entendimos muy bien la expresión. Pero mas tarde nos dimos cuenta que en muchos países, el “harto” se utiliza como “muy” o “demasiado”…y ahí tuvo sentido).  Sigue Acá!

Dejo algunas fotos para que vean lo que es este lugar:

Vista de la quebrada de Cafayate

Garganta del diablo

Quebrada de las conchas

Camino por quebrada de las conchas

Castillos

Lindo no?? 😀

 

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Una respuesta a “Cafayate: Harto Místico, abriendo los ojos a la “nueva” cultura”

  1. Nori dice:

    hola!! me dirias por favor como se llamaba el hostel donde pararon?? Gracias!!

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