Archivos de la categoría: Colombia

Relatos en cuarta persona

A eso de las doce del mediodía, a él se le había ocurrido la brillante idea de salir a comprar hielo para preparar un licuado de maracuyá. Era ciertamente una gran idea. Los 35 grados centígrados y el sol que tanto amaba oprimían los pasos, los segundos y los minutos. No tanto las horas, que se volvían más soportables a medida que la aguja más chica del reloj cambiaba de número.

En las  calles de la ciudad, poca gente se animaba a enfrentar en desnuda batalla al rayo del sol. Paraguas, trapos encima de la cabeza, cambios repentinos de vereda en beneficio de la sombra…todo valía.

Él, tal vez intentando amigarse con la naturaleza, o tal vez queriendo llegar lo más rápido posible para que el hielo no se derrita, corría con la bolsa por el medio de la calle. Las gotas caían igual, y era posible ver como se evaporaban en el instante que tocaban el asfalto adoquinado. Sólido, líquido y gaseoso, todo en cuestión de segundos.

El calor emanaba del piso, de las paredes y de los cuerpos. De los perros echados en portales y de los hombres sentados en cuero en sillas de plástico. Él solo podía pensar en ir al hostel, ponerse bajo el ventilador (o abanico, como le dicen por ahí) y recuperar fuerzas.

Ni las prostitutas tenían ganas de pavonearse por ahí frente a los turistas que paseaban. No, hacía demasiado calor para eso.

Playa Blanca, un diálogo, ustedes y yo

Atardecer Playa Blanca

Nunca supe cómo empezar esto. Nunca supe cómo empezar a hablar de esto. De Cartagena, de Barú, de Playa Blanca…de todo, digamos. Veo mis anotaciones de cuando estuve por allá, y hay fechas, comentarios tachados o escritos encima, precios, números de teléfono, un asterisco del asterisco del asterisco. Así fue, y así sigue siendo. Un enjambre de avispas letradas que brota del papel y construye un panal en el hemisferio izquierdo de mí cerebro. Y ahí las tengo, zumbando. A ver que sale.

Y algo que rescaté de ahí fue un diálogo. Uno gracioso. Uno extraño. Voy a dejar que este post sea 90% diálogo, 5% yo y 5% ustedes. Sí, hoy necesito feedback, que me ayuden a dilucidar qué pasó en ese diálogo. Porque Barú, Playa Blanca y Cartagena fueron así. Revoltosas, desprolijas, incoherentes. Y así siguen siendo. Y así va a ser esto, ¡quedan avisados!

La revelación de Tayrona

Tayrona

Gritos, autos, motos, puestos, comida, color, olor, humos, ruidos, saludos, bailes, música, pobreza, gritos, autos, mendigos, caos: ciudad. Ciudad colombiana. Ciudad colombiana costeña. Santa Marta.

-¿A qué vinimos acá, Vero?

-No sé, en algún lado teníamos que parar, para ir a Tayrona.

-¿Y Taganga?

-Vamos después, cuando nos contesten de Couchsurfing.

Salir de la mismísima nada de Cabo de la Vela, al mismísimo todo de Santa Marta se siente cómo un golpe duro en la cabeza. De esos que te borran algunas ideas. Que te dejan medio tonto. Tanto como para hacerte olvidar por qué se te había ocurrido ir ahí en primer lugar.

Colombia de los Vientos

¿Cuántas veces te pensaste a vos mismo viajando hasta el fin del mundo? ¿Cuántas veces soñaste con irte lo más alejado posible de toda civilización, a páramos solitarios, desnudos, con poco o nada de gente? ¿Cómo te imaginaste esos lugares? ¿Cómo eran? ¿Qué colores tenían? ¿Cuáles eran los sonidos que se escuchaban? ¿Se escuchaba algún sonido?

Adiós Venezuela (o cómo sobrevivimos al cruce de frontera, otra vez)

Gasolina

Una vez más, un cruce de frontera. Y una vez más, un cruce de frontera venezolana. No pensábamos que este cruce podría ser peor que el anterior, en Cúcuta. De hecho, no pensábamos que ninguno podría llegar a ser peor que ese. Pero bueno, los viajes son más que nada, una aventura, y pronto nos daríamos cuenta de lo equivocados que estábamos.

Aló Venezuela (o cómo sobrevivimos al cruce de frontera)

venezuela1

Cúcuta es una de esas ciudades que uno no esperaría encontrar en una frontera. A pocos metros del borde que separa Colombia de Venezuela se erige este centro urbano que se puede decir que poco tiene de ciudad fronteriza.

Pero, aunque poco, algo reside en la esencia de Cúcuta que hace imposible olvidarse dónde está ubicada. Las estafas y los “negocios turbios” hacen caso omiso de la apariencia de “ciudad bien” y se meten sin permiso en el cotidiano de esta urbe.

Nosotros llegamos a la terminal tempranísimo a la mañana después de viajar toda la noche desde Tunja. Bajamos medio dormidos para averiguar por transporte para ir a San Cristóbal, ya del lado venezolano. El objetivo era llegar a Mérida, dónde nuestro anfitrión de Couchsurfing nos esperaba.

Apenas puse un pie fuera del bus, seis personas al mismo tiempo me atacaron a mí (y a Vero también) ofreciendo hospedaje, transporte y cambio de moneda. Sin darnos tiempo a reacciones, tres tipos agarraron nuestras mochilas y se las llevaron. Sobrepasado por la situación, me quedé inmóvil, sin saber qué hacer, mientras varios hombres me estiraban la remera para que los escuche y haga caso de lo que decían (juro que esto es literal, no estoy exagerando).

Villa de Leyva y nuestra primera despedida de Colombia

Llegar cansados y de noche a un nuevo lugar es, a veces, bastante contraproducente. Después de dejar Bogotá, encaramos para Villa de Leyva, un pueblito muy muy turístico, pero a pesar de ello también muy bonito.

Como les decía, llegamos de noche y cansados. Como siempre hacemos cada vez que arribamos a una nueva locación, nos pusimos a buscar hospedaje. El peso de las mochilas nos estaba matando, así que yo me quedé en la puerta de una casa cuidando los bultos y la mandé a vero a que encuentre un lugar para pasar la noche (todo un caballero).

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