Cuando Mérida se viste de carnaval

Hay noches que son realmente oscuras. Como esas noches sin luna donde poco se ve, esas noches donde el aire parece opaco, esas noches donde la frase “boca de lobo” revolotea en ese aire, o se queda en la punta de la lengua. Una noche de esas nosotros llegamos a la terminal de Mérida.  Eso es más de lo que puedo decir sobre nuestra ubicación, porque de lo que estaba fuera de esa terminal, yo desconocía absolutamente todo. No sabía si estábamos lejos o cerca de la casa de nuestro host de couchsurfing, y no teníamos teléfono para llamarlo.

La terminal de hecho se encontraba cerrada, habíamos llegado tan tarde de nuestro viaje de terror, que el “simpático” conductor del bus nos depositó en la puerta, bajó los equipajes, y se fue campante. Los venezolanos que viajaban con nosotros (lo que equivale a todos los pasajeros, ya que el recuento de extranjeros, exceptuándonos, era igual a cero) se apresuraron a tomar los taxis que estaban esperando. Sin tener muy en claro qué hacer, esperamos que aparezca alguien que nos quiera prestar un teléfono para pedir ayuda o un taxi. O El Chapulín Colorado, quién sabe, en una de esas…

A los diez minutos de esperar, mientras debatíamos con Vero si ir a buscar un teléfono en la noche cerrada a esas horas de la madrugada o quedarnos ahí, apareció un auto. “¡Genial!” Pensamos, aunque todavía nos faltaba saber a dónde ir.

-¿Y si le preguntamos al taxista si nos presta el celular para llamar a Jesús? (nuestro host)- Me dijo Vero, y su cara se iluminó como si se le hubiese prendido la lamparita en el medio de la oscuridad.

-Bueno, dale, ¿le preguntás?- Le contesto.

-¡No! Me da vergüenza, preguntale vos– Me replica.

-Yo ya pregunté si esta era la terminal de Mérida, ahora te toca a vos- le retruqué.

Siempre tenemos estas discusiones  de quién va a preguntar o quién va a averiguar algo. Argumentando que uno ya lo hizo antes y ahora es el turno del otro casi siempre se gana la batalla. Confieso que la que más sale a preguntar es ella, yo soy medio timidón. Aparte una mujer siempre es mejor recibida (está comprobado científicamente).

Vero se acercó al taxista, y le explicó que teníamos que ir a un lugar que todavía no sabíamos donde quedaba, por lo que necesitábamos comunicarnos por celular. El taxista de buena gana nos prestó el teléfono e incluso habló él mismo con Jesús para orientarse.

Resultó ser que Jesús se encontraba bien cerca de la terminal, en un barrio cerrado que daba a una de las avenidas principales de Mérida, así que el viaje fue corto. Llegamos a su departamento, y al ser tan tarde, intercambiamos un par de palabras y en menos de media hora estábamos durmiendo a ronquido suelto.

Al otro día ya estábamos frescos como si nada hubiese pasado. Hablamos un rato más con Jesús, y en ese rato apareció su novia con una panza enorme, de esas que pueden llegar a reventar si les acercás un alfiler. Los dos estaban esperando un hijo dentro de pocos días, así que el departamento estaba repleto de expectativas. Nosotros también teníamos las nuestras, pero iban más por el lado de conocer nuestra primera parada en Venezuela.

merida

La Plaza Bolívar de Mérida

Justo habíamos llegado a Mérida en época de carnaval. Montones de gente, fiesta y cerveza barata eran las consignas. Si bien no somos adeptos a las muchedumbres, para ver como es que se divierten los venezolanos en carnaval haríamos una tremebunda excepción. Caminamos por una avenida que estaba atestada de puestos callejeros que vendían de todo, más que nada comida y bebida.

La borrachera, el descontrol y la fiesta se respiraban en el ambiente. Alguien en algún momento mientras caminábamos nos acercó un folleto. En él se detallaba el escueto cronograma de actividades que incluía un “espectáculo” (por llamarlo de alguna manera) en la plaza de toros, con torero y todo. Saqué la mirada del folleto y la puse en el horizonte, donde ya caía el sol. Frente a mí se encontraba la dichosa plaza, con un cartel que presumía que todas las entradas habían sido vendidas.

Hasta ese momento desconocía que esa especie de divertimento de matar a un toro despacio y sádicamente frente a un público sediento de sangre se diera en países sudamericanos, y menos que esos shows pudiesen estar patrocinados por el propio Estado (según pude ver en el folleto).

Cuando nos acercamos a la puerta, el “espectáculo” (no puedo dejar de ponerlo entre comillas) justo estaba terminando. Hordas de gente salían de los accesos, cantando, tomando, gritando, felices por el show de horror y muerte que acababan de presenciar.

Entramos con el corazón encogido y los pies pesados a la plaza para ver qué sucedía allí con la gente y para enfrentarnos morbosamente con la realidad. La plaza ya estaba vacía (como suponíamos que así sería, sino no hubiésemos entrado), pero muchas personas seguían adentro tomando vinos desde botas y escuchando vallenato en sus celulares. Rubias mujeres con cabellos de peluquería, tacones y más cirugías que años se pavoneaban en las gradas. Todo era fiesta, y yo, no podía estar más triste.

No quiero volverme (demasiado) catártico con este tema, pero si hay algo que no comparto y que me genera repulsión es el maltrato animal, sobre todo cuando se esconde bajo la máscara de “tradición” “cultura” o “fiesta popular”. Ya sea una gallina sacrificada por alguna religión, o un toro masacrado para el disfrute de unos cuantos obtusos. No estoy de acuerdo, y lo tengo que decir. Pido disculpas si alguien se siente ofendido, pero es lo que me pasó y no sería honesto si no lo contase incluyendo cuáles fueron los sentimientos que este impresionante (y no en el buen sentido) festejo me despertó.

plaza de toros

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Volvimos lo suficientemente temprano a lo de Jesús como para compartir unas arepas bien venezolanas, muy distinto a lo que habíamos probado hasta ahora en Colombia (un colombiano una vez nos dijo: “por más que nos duela, las verdaderas arepas son venezolanas, no hay nada que hacer”). Comimos arepas con atún, con palta, con tomate, con un poquito de mostaza, con huevo, con todo. Riquísima cena, con charlas y risas, con experiencias de vida, intercambio de opiniones políticas, con cuentos de cuando ellos estuvieron en Argentina y de cuando nosotros estuvimos en varios lados. Por un momento nos sentimos en familia, la cena nos alimentó el cuerpo y el alma.

¡Y qué decir del almuerzo! Al día siguiente llegaron los padres de Jesús de visita y comimos todos juntos. Mientras él aseguraba que hasta la carne de las hamburguesas de las cadenas de comidas rápidas son más ricas en Argentina que en cualquier otro lado, los padres nos metían comida hasta por los codos. La pregunta “¿No van a comer nada más?” se repetía y mezclaba con las historias de Jesús y su novia en Ushuaia donde ellos aseguraron sentirse feos y rodeados de elfos como los de El Señor de los Anillos (pocas veces me reí tanto con la actuación de una situación embarazosa como la que hicieron ellos dos en ese almuerzo).

Como los padres de Jesús venían a quedarse en el cuarto que estábamos ocupando, ese era nuestro “cambio y fuera” para despedirnos de Mérida. Aprovechamos nuestro último día en la zona antes de irnos para visitar Jají, un pueblito en el medio del verde de las montañas venezolanas que enamora por su tranquilidad y sus empedrados, sus pichicos callejeros, sus casitas de techos bajos y sus subidas y declives, su plaza no tan principal y su gente amable y de andar cansino.

plazajaji

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jaji

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perros de jaji

Los perros andaban en manada…

Ahí dimos vueltas por las callecitas, nos metimos a un restaurant/mirador sin permiso, encontramos a un viejito que vendía helados artesanales frente a un árbol de lo que creíamos eran pomelos (intentamos corroborar con una señora de muchos años que venía de hacer las compras, y nos aseguró que eran toronjas) y nos sentamos a admirar la paz que el “no carnavalesco” Jají nos regalaba.

vista desde jají

Ahhhhhh…¡paz!

toronjas

¿Toronjas?

Volvimos a lo de Jesús a buscar las cosas, a despedirnos una vez más de un anfitrión (¡Cómo duelen las despedidas!) y nos dirigimos a la terminal. La costa venezolana y nuestro primer contacto con el mar caribe nos esperaba…en día de carnaval.

 

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10 Respuestas a “Cuando Mérida se viste de carnaval”

  1. Magalí dice:

    ¡A mi me pasó lo mismo! Nuestros host de Alicante nos llevaron a ver corridas de toros, y no te podés imaginar mi cara… por dios… el Rami reía de mi cara de orto. las fotos, impresentables. Ah, y eso de “Yo ya pregunté!!!” a mi también me pasa 😛 jijiji ¡Besos mi viajero polémico favorito!

    • Marcos dice:

      Estaba a punto de NO publicar este post, porque no me convencía del todo poner ciertas cosas, o la forma en la que las expresé, pero bueno, ahí está…Y que alguien lo haya comentado, y que Magalí lo haya comentado, ya hizo que valiera la pena 🙂 gracias por pasar!!

  2. María dice:

    Acabo de descubrir tu blog y me parece muy interesante. Aunque no he viajado tanto como quisiera disfruto leyendo e imaginando sitios a los que no he podido o no me he atrevido a visitar. Lamentablemente muchos de esos lugares están en Vzla, mi propio país, hay zonas que sé que son muy peligrosas y no me atrevo a visitarlas. Mi país a cambiado mucho, poco a poco a perdido el respeto y la amabilidad que nos caracterizaba y creo que entre otras cosas se debe a que la inseguridad es tan grande que pareciera que hay que ser más vivo o más “rápido” que los demás, aunque no lo comparto. Mucha gente quiere sentir que no han perdido nada que nadie los puede estafar porque ellos se adelantaron y eso les hace sentir bien (supongo), aunque también hay mucha gente buena y honesta pero en esas circunstancias mucha gente siente miedo, eso hace que la gente ya no quiera dar la hora a un extraño, ni ayudar a alguien que parece necesitar de ti, porque muchas veces son trampas de delincuentes sin escrúpulos que se valen de cualquier cosa para conseguir una víctima. Es difícil de explicar porque son muchas cosas las que estamos viviendo en mi país. En cuanto a los toros también lo odio, no soporto la crueldad animal, no me gustan los perros callejeros por toda Venezuela y muchos enfermos que necesitan ayuda y la gente sigue comprando perros en lugar de adoptar, increíble!! Bueno no quiero parecer pesimista ni negativa, quizás solo necesitaba desahogarme, me gustó mucho leer las impresiones de un turista sobre Vzla y ahora seguiré leyendo para enterarme de las historias del resto de viajes por América Latina. Ahora me tocó vivir en España y la crueldad animal aquí es demasiada para mi gusto espero que algún día se den cuenta y cambien eso. Un saludo.

    • Marcos dice:

      María, gracias por el comentario! este lugar también puede ser para hacer algo de catársis, así que si lo tuyo fue un desahogo, bienvenido sea! Con respecto a lo que decís sobre la gente en Venezuela, nosotros también nos sentimos un poco así con varias personas, pero bueno, en todos lados hay gente buena y gente no tanto, y en Venezuela encontramos de los dos tipos. Además intentamos entender por el proceso social por el que están pasando y son comprensibles ciertas reacciones que mencionás! Eso no opaca la cantidad de gente amable que nos hemos cruzado por esos lares 🙂

  3. Nair dice:

    Hola! Bueno, a mí ese tema de la matanza de animales por pura diversión ya me hubiese desmayado o motivado una ira profunda. Yo soy vegetariana, imaginate que no apruebo ni siquiera comer carne especialmente muerta para fines comestibles (no sé cómo explicarlo sin ofender a nadie, perdón), y mucho menos ese “espectáculo” que describís. Muy polémico pero me gustó el toque de “polemicidad” jaja. Saludos!

    • Marcos dice:

      Te juro que no intento polemizar para nada, pero es que a veces sale así. Sí bien en Colombia pude separar los clichés de “coca, marihuana y café” de todo lo que había por descubrir en ese hermoso país, en Venezuela (otro hermoso país) me costó mucho separar la política del resto de las cosas. Y en lo particular, me pasó lo mismo con Mérida y su festejo de carnaval. Tal vez (y seguramente así sea) mi visión está sesgada por un montón de cosas que no me permitieron ver otras, pero bueno, es así como lo vivimos y sería poco honesto contarlo de otra forma.
      Gracias por darte una vuelta por el blog!
      Saludos!!

  4. Hola chicos!

    Descubrí el blog hace unos días, y me gustó la forma de escribir que tienen! (cómo el nombre del blog… muy Argentino! jaja!)

    Los entendemos perfectamente, porque viajamos en pareja y esas mini-discusiones (a veces no tan “mini”) de quién tiene que ir a preguntar algo, se dan bastante seguido!

    Y lo de los toros… sin palabras… lo peor de esos temas, es que hay gente, que en nombre de la tradición, te discute a muerte que hacer lo que hacen sigue valiendo la pena… Tradición, diversión, fiesta popular… pero a qué precio?!

    En fin, les escribimos porque nos gustó su blog, y decidimos nominarlos para los Liebster Awards, que seguramente ya conocen! Acá les dejamos el link: http://viajarviviendo.wordpress.com/2012/12/05/liebster-awards/

    Saludos viajeros desde Argentina, y los seguimos en sus aventuras por Venezuela!

    • Marcos dice:

      Como ya te había dicho por facebook, es todo un honor para nosotros está nominación! Y que bueno que te haya gustado el relato, no quería sonara antipático pero al mismo tiempo no podía dejar de mostrar nuestra posición en el tema!

      Un gran saludo!

  5. leonardo dice:

    Bacanisima (divertida) y muy fresca tu forma de contar tu paseo por venezuela, la encontre por casualidad porque estoy organizanso mi viaje para diciembre desde ibague, tolima, colombia a isla margarita en moto (vstrom 650) con mi novia y me parece muy grafica todas las situaciones que narran, aunque uds mochilean y nosotros vamos en moto creo q compartimos el mismo gusto de viajar, conocer lugares, personas y situaciones, me preocupa un poco la seguridad pero q vaa!!! Pa’lante es pa’ya. Pensamos hacer el mismo recorrido q uds hicieron entonces cualquier aporte q me quieran hacer sera excelentemente recibido.

    Leonardo Montaña.
    Un amigo en ibague colombia para todos los q necesiten informacion de mi espectacular pais.

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