Desgracias con suerte y el Desierto no-desierto.

Salimos con Mayra temprano a la mañana para llegar a un horario razonable a Villa Vieja, puerta para adentrarnos en el Desierto de la Tatacoa. Nuestro recorrido sería el siguiente: De San Agustín llegaríamos al cruce de ruta, de allí a Pitalito en un bus y desde ahí a Neiva. Una vez allí iríamos a Villa Vieja y desde ahí finalmente sí, al Desierto (cansa de solo leerlo ¿no?).

Comenzamos a viajar de bus en bus peleando los precios para conseguir descuentos (¿Se acuerdan que les conté que el regateo en Colombia es todo un arte?). Mayra me pedía que las tratativas con los choferes para bajar precios las haga yo, pero al momento de la negociación, su espíritu de mujer colombiana podía más y terminaba regateando ella.

Llegamos a Neiva más tarde de lo que suponíamos. Preguntando por la terminal, para poder llegar a Villa Vieja, nos dijeron que ya no había más transporte hacia allá a esa hora, por lo que deberíamos esperar hasta mañana. Nos desanimamos tremendamente al estar tan cerca del destino final y no poder alcanzarlo.

Sin embargo, vimos que había un chofer de una camioneta que estaba anunciando que se volvía para Villa Vieja. Incrédulos fuimos a preguntar si era real lo que estaba diciendo y efectivamente sí, había traído varios pasajeros de Villa Vieja que se quedaban en Neiva y quería llevarse otros tantos de vuelta para aprovechar el viaje. Como era algo bastante inusual, le preguntamos que había sucedido para que este viajando la gente a la tarde, si no acostumbraba a hacerlo. Nos contó que hoy había fallecido un anciano de Neiva que tenía muchos familiares en Villa Vieja, y todos habían venido al velorio, y pasarían la noche allí. Pobre señor, Dios lo tenga en la gloria, pero ¡Qué afortunados nosotros! Desde ese entonces creo en las desgracias con suerte Risa.

Agradecidos por la desgracia, arreglamos con el chofer (bueno, Mayra arregló) para que nos alcance directamente al desierto por unos pesos más. Fueron unas horas de viaje, por lo que ya estaba oscureciendo cuando llegamos allí. Sin embargo, tuvimos oportunidad de observar que era lo que nos esperaba, y puedo asegurar que era todo lo contrario a lo que uno podría esperar de un desierto: un cielo encapotado que amenazaba con soltar agua en cantidades, y un terreno verde que te quiero verde húmedo y barroso.

Así de verde estaba el desierto

Así de verde estaba el desierto

Nos habían dicho que el Desierto de la Tatacoa (la Tatacoa es una especie de serpiente, muy venenosa. No vimos ninguna por suerte) era especial para ver las estrellas (incluso existe un gran observatorio allí) y dormir a la intemperie. Pero con las condiciones que se nos presentaron, decidimos dormir en carpa, y dejar el observatorio para otra ocasión.

Paseamos un rato por el desierto no desierto y cuando ya se hizo de noche, volvimos a nuestras tiendas. Como no había luz, intenté encender un fuego con las pocas ramas secas que encontré por ahí. En la tarea me pinché la mano con varias plantas con espinas, ya que veía poco y nada, pero logré juntar unas cuantas ramas. Sin embargo, todo estaba tan húmedo que encender el fuego no fue fácil. En el intento quemamos casi la mitad de la biografía de Gabriel García Márquez (la parte que Mayra ya había leído), lo cual fue casi un sacrilegio. A pesar de ello, con las impresiones de Gabo el fuego ardió más, prendió a los troncos secos, y tuvimos luz y calor hasta que nos fuimos a acostar.

Masacrando a García Márquez

Masacrando a García Márquez

Al otro día nos levantamos temprano y fuimos a caminar por el desierto. Compramos bolsas de agua, y el niño de la casa donde nos estábamos quedando, John Alex, nos acompañó a caballo a comprar queso y dulce de cabra (¡una delicia!). La gente que vive allí, y en general toda la gente del Huila (región colombiana) es realmente amable, y muy pintoresca, con un acento cantarino que los vuelve sencillamente encantadores.

Vero usando el sombrero de John AlexLuego de hacernos un festín con esos manjares, fuimos caminando hacia dentro del desierto, para conocer una de sus piscinas naturales, en una travesía bajo un cielo seminublado, de casi 4 kilómetros. Caminamos tanto que lo único que queríamos era meternos en esa piscina. Apenas llegamos al lugar, nos recibe la mala noticia de que la piscina no tiene agua, y no la tendría hasta el jueves (era lunes). No quedó otra que volver, 4 kilómetros, desahuciados.

Mayra recibiendo la energía del desierto

Mayra recibiendo la energía del desierto

Ventanas

La piscina sin agua

Frustrados por no poder hacer nada de lo que el Desierto ofrecía, decidimos irnos ese mismo día. El cielo seguía nublado y las estrellas se hacían las difíciles, así que volvimos a Villa Vieja y pasamos allí la noche. Al otro día regresaríamos a Popayán, dónde habíamos dejado nuestros bolsos, y haríamos nuevamente la desastrosa ruta Pitalito-Popayán.

El camino que recorre el desiertoDespedimos a Mayra con la promesa de encontrarnos más adelante (promesa que, por cosas del destino, nunca se cumplió). Las despedidas de nuestros amigos viajeros siempre nos costaron mucho y nos ponen tristes. Este caso no fue la excepción.

La aventura al Desierto de la Tatacoa no salió como lo esperábamos, pero fue toda una experiencia. Y las experiencias, he aprendido, siempre suman, nunca restan.

Sol entre las nubes

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8 Respuestas a “Desgracias con suerte y el Desierto no-desierto.”

  1. Gabriel dice:

    Eso es sacar provechos de la desgracia ejje una oportunidad y sobre lo leido una llama!Muy buen post saludos Chicos y gracias por agregarme!
    Gabo.

  2. Guido dice:

    Hola chicos! como andan? Qué viajecito eh!
    La verdad que cuando venían contando del verde césped, yo decía “qué lindo para acampar por allí!”, pero después agregaste por qué se llamaba así el lugar y la verdad que se me fueron todas las ganas (hasta las imaginarias!)… no me gustan para nada las víboras y cuando veo una estoy perseguido todo el día pensando en dónde estará la maldita!
    Bueno, veo que la están pasando espectacular!! Como les prometí estoy siguiendo su viaje! Un abrazo grande!

  3. Ana dice:

    Hola! Los encontré hoy y no puedo dejar de leerlos =)
    En diciembre me voy a Ecuador y Colombia con una amiga por dos meses, y estas hermosas historias me hacen sentir como si ya conociera todos los lugares…muchas gracias por compartirlas!!
    Te queria preguntar, porque nunca habia escuchado mencionar este lugar y se ve muy copado…hay dónde hospedarse sin carpa? Cómo es eso de dormir a la intemperie con las serpientes venenosas..? Jeje
    Abrazos!

    • Marcos dice:

      Muchas gracias por todo lo que decís! Dan ganas de seguir compartiendo historias 🙂

      El desierto es muy lindo, seguramente sea más lindo si te toca una noche despejada para poder ver las estrellas 😀
      Muchos se quedan en hamacas, y también te podés quedar en habitaciones…y la carpa la alquilás no necesitás llevar una vos!

  4. andres dice:

    Hola me gusta mucho su blog, pero había otro parte del desierto que no visitaron y en esa parte si esta full desierto, cero césped, les ha faltado chicos sera en otra ocasión.

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  1. […] a Popayán y Vero se comenzó a sentir algo mal. Ya venía con tos pesada desde el Desierto, y haber dormido poco y pasar frío en el viaje la llevaron a empeorar (un señor con mucho tacto […]

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