En la mitad del mundo

Cinco menos cuarto de la mañana no es un buen horario para llegar a Quito, menos si uno lo hace en ojotas y pantalón corto. Siendo todavía de noche, con menos de 8ºC y sin el amparo de una terminal (la compañía de buses contaba con una chiquitita, pero estaba cerrada), ahí estábamos parados con nuestras mochilas, totalmente desorientados. Paramos un taxi, después de esperar un rato, y le dijimos el nombre del único hostel que teníamos anotado. Por suerte (porque les aseguro que muchos taxistas saben de hostels lo mismo que yo sé de taxidermia), lo conocía y nos llevó allá. Llegamos al lugar, que quedaba realmente cerca, y pedimos una habitación. Pero el hostel estaba completo. Bueno, todo no se nos podía dar, pensamos, y salimos a buscar otro lugar. El encargado del hostel, un “pibe” argentino, de unos veintipico, nos llamó y dijo que no podíamos andar solos por ahí con las cosas, que la zona no era muy segura. Al ver un par de “personajes” en los alrededores, le creímos y volvimos a entrar al hostel. Pablo (el encargado), se compadeció y nos dejó una habitación para dormir un rato ya que los huéspedes llegaban por la tarde y para esa hora habría otras camas desocupadas para quedarnos. Gran tipo Pablo. Dormimos lo que pudimos y después  de dejar la habitación salimos a recorrer.

La zona donde nos encontrábamos era la de Mariscal Sucre, supuestamente una de las más opulentas de la ciudad, y donde se encuentran la mayoría de los hospedajes para mochileros. Mariscal no tiene mucho que ofrecer, más que un par de bares y restaurantes bonitos.

Con Pablo hicimos “buenas migas” y pasamos gran parte del tiempo con él en el hostal. Como encargado  de hostel y programador web a medio tiempo, comenzó viajando de la zona sur del conurbano bonaerense (mis pagos), llegó a Ecuador y se instaló allí para ahorrar y continuar viaje. Pasamos una noche de cervezas junto con él y tres rolos (bogotanos), que nos compartieron información invaluable sobre su país.

Al día siguiente nos levantamos temprano (medianamente) para ir a conocer unas de las atracciones principales de la zona: La afamada “Mitad del Mundo”. Tomamos el trasporte público y al cabo de algo así como hora y media estábamos ahí. El lugar donde está emplazado el monumento de la mitad del mundo no dice mucho. Es solo eso, un monumento, con un par de museos alrededor (de los cuales ninguno pareciera valer la pena) y una línea que surge desde su mitad separando los dos hemisferios. Eso. Además ni siquiera está ubicado exactamente en la línea del ecuador, sino 300 metros más al sur. Sin embargo, el lugar reviste gran importancia, ya que es aquí donde, en 1736, se determinó por primera vez, por donde pasaba la línea imaginaria que divide al mundo en dos. Más allá de la inexactitud, si consideramos la época en la que fue realizado el cálculo, resulta asombrosa la precisión lograda en aquel entonces.

Monumento mitad del mundoHemisferios mitad del mundo

300 metros más adelante se encuentra el museo Intiñan, donde la línea del ecuador fue calculada con GPS. Allí un guía realiza varios experimentos que demuestran lo inusual que resulta encontrarse en esa parte del mundo, sobre todo en lo que a física se refiere (la dirección en la que gira el agua al ser drenada, las variaciones en el equilibrio, la posición de las sombras, la disminución de la fuerza de gravedad, entre otras). También se obtiene un breve pantallazo de algunas culturas indígenas del Ecuador, su flora y su fauna. Por un precio más módico se obtiene mucho más que en el monumento. Aunque los dos lugares son dignos de visitar.

Mitad del mundo calculada con GPS

Nos quedamos en Quito unos días más para poder visitar el centro histórico. Apenas uno recorre el lugar, es evidente que toda la zona se encuentra muy bien preservada, o restaurada. El barrio de La Ronda es uno de los más bonitos y cuidados que tuvimos la oportunidad de visitar. Quito ha logrado, a pesar de ser la capital del país, mantener sus zonas históricas perfectamente conservadas (tal vez se deba a la no tan fuerte explosión demográfica de la ciudad. Contrariamente a lo que se esperaría, Quito no es la ciudad más poblada de Ecuador. Ese lugar le corresponde a Guayaquil, con varios miles de personas de ventaja).

Centro Histórico Barrio La Ronda

La Ronda

Bar de La Ronda

Conocimos también el Palacio presidencial en el centro de Quito, una joya arquitectónica que cuenta con, entre otras cosas, cristales y herrajes parisinos. Allí se recorren casi todas las salas y se echa un vistazo a los regalos que el Presidente actual recibe de otros mandatarios y celebridades. En vez de guardárselos para sí, los exhibe y declara patrimonio de todos los ecuatorianos. Es, al menos, un lindo gesto.

Vista desde Balcón Presidencial

Terminándose nuestros días en Quito coordinamos con Jazmín, una amiga ecuatoriana que vive en Buenos Aires y se encontraba de vacaciones en su país, encontrarnos para conocer la laguna del Quilotoa, en Cotopaxi. Así que nos dirigimos para allá, dejando un bien más que preciado en Quito. Volvería a pisar la capital ecuatoriana para recuperar mi cámara de fotos, que debí dejarla en terapia intensiva para que la cuiden y arreglen.

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3 Respuestas a “En la mitad del mundo”

  1. Gian dice:

    Muy interesante yo estoy a puertas de empezar mi viaje a Ecuador, éste febrero que viene debo llegar a Quito y quería saber cuánto es el costo para llegar desde Tumbes hasta Quito? seguramente optaré por bus ya que es lo que más me ha gustado en viajes largos.

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