Había una vez una vaca: recorriendo la Quebrada de Humahuaca

Puramarca en todo su esplendor

Terminado nuestro recorrido por Salta, y luego de despedirnos de nuestros nuevos amigos en Cafayate, llegamos a Purmamarca, Un pueblito jujeño en la quebrada de Humahuaca, que destaca por sus cerros multicolores que contrastan con los campos verdes cultivados por los pobladores de este hermoso lugar.
Después de cruzar caminando un corte de ruta para llegar a “Purma”, realizado por las comunidades locales para reclamar el título de propiedad de sus tierras (no voy a ponerme a opinar sobre la legitimidad o no del corte, solo voy a decir que la causa era importante), nos encontramos en el pueblo, que no tiene mas de cuatro o cinco manzanas, y se vuelve realmente colorido cuando la feria está en la plaza, y la gente vende productos regionales rojos, verdes, azules, fucsias…de todos los colores imaginables. Gorros, chullos (los gorritos con orejeras típicos del altiplano), guantes, bolsos, carteras, mates, y todo lo que uno imagine.
Purmamarca es un lugar súper turístico y la realidad es que tiene con qué. Suelos azules, montañas rojas y verdes, y su principal espectáculo, el cerro de los siete colores, son un marco para este pueblo que parece replicar los colores de la naturaleza que lo rodean, en sus casas, sus negocios y sus productos.
Como todo lugar turístico, los precios son elevados, por lo que en este caso decidimos quedarnos en un hospedaje a diez minutos a pie del pueblo, que estaba muy bien. Era la casa de unos viejitos que cultivaban cebolla y aprovechaban las construcciones que tenían al fondo para hacer dinero extra alquilándolas a turistas.
En la casa tenían cuatro perros, y a todos les gustaba acompañarnos cada lugar que íbamos, especialmente cuando nos dirigíamos al pueblo. Así que en Purmamarca ya nos identificaban como “la pareja de los perros”, porque nos seguían a todos lados: al supermercado, a comer, a la plaza, y a cualquier otro lugar a donde fuéramos. Como no conocíamos el nombre de ninguno de los canes, decidimos apodarlos como nuestros amigos de Cafayate. El de pelaje negro, que era el más aventurero y se mandaba solo a explorar nuevos lugares, lo apodamos como Catriel. La única hembra en la manada, era Laura. Y el que seguía siempre a Laura lo nombramos Eduardo. El restante, el más tranquilo, lo nombramos Tony, por el hermano de Chichí.
Nuestro último día en Purmamarca en cierto sentido se pareció a nuestro último día de Cafayate. Como había sucedido allá, todos nuestros amigos fueron a despedirnos, sólo que en este caso ninguno era humano. Todos los pichichos se quedaron con nosotros esperando el bus, y cuando llegó y vieron que poníamos nuestras mochilas en el maletero, se dieron cuenta de que nos estábamos yendo. Apenas dejamos la última mochila, los cuatro al mismo tiempo se levantaron y se fueron camino a su casa. El que dice que estos animales no son inteligentes, tendría que haberlos visto.
Nuestro próximo destino en la quebrada de Humahuaca era Tilcara. Otra ciudad norteña preciosa. Sin el encanto que da la pequeñez de Purmamarca, Tilcara enamora por sus callecitas empedradas, paisajes montañosos que dejan sin aliento, cardones que salpican la aridez del suelo y su Pucará, lugar de restos y tumbas arqueológicas precolombinas, que fueron ocupadas luego por los incas en el ocaso su imperio. Ahí pasamos varios días en un hostel donde conocimos dos chicos de la zona oeste del Gran Buenos Aires, que soñaban ganarse la vida haciendo malabares y arte callejero. Mientras tanto, estos “pibitos” estudiaban medicina. Gracias a ellos, en unos minutos estaba revoleando pelotitas al aire, y finalmente aprendí malabarismo! Quién lo diría, nunca había podido hacer malabares, y en pocos intentos me salían (casi) a la perfección. Tengo facultades parece…
Después de agotarnos de las bajadas y subidas de las calles de Tilcara, y del Sol que pega fuerte casi todo el día, seguimos recorrido para llegar a Iruya. Volvíamos a pisar Salta.

Fotos!:

Cerro de Siete Colores

Camino a Purmamarca desde nuestro hospedaje

Purmamarca

Uno de nuestros amigos perrunos!

Pucará de Tilcara

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2 Respuestas a “Había una vez una vaca: recorriendo la Quebrada de Humahuaca”

  1. rominic dice:

    hola chicos soy nueva en este blog, la verdad emociona y da muchas ganas de emprender ese viaje que muchos deseamos de partir de nuestros lugar! soy de mar del plata y tengo 21 años , ya viaje a brasil el año pasado y estuve dos meses , en ese caso era otro idioma pero me fuie muy bien pero ahora tengo muchas ganas de arrancar para el norte de nuestro pais y si , asi seguir subiendo, recomendiaciones del dinero para arrancar ?? exitos y los felicito por esto que se propusieron y logran todos los dias!

    • Marcos dice:

      Romi,
      Depende muchísimo de lo que quieras hacer, cuánto tiempo querés viajar, por dónde pensás ir y si querés trabajar en el camino o no, etc. Podrías arrancar con $0 si quisieras 🙂

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