La revelación de Tayrona

Tayrona

Gritos, autos, motos, puestos, comida, color, olor, humos, ruidos, saludos, bailes, música, pobreza, gritos, autos, mendigos, caos: ciudad. Ciudad colombiana. Ciudad colombiana costeña. Santa Marta.

-¿A qué vinimos acá, Vero?

-No sé, en algún lado teníamos que parar, para ir a Tayrona.

-¿Y Taganga?

-Vamos después, cuando nos contesten de Couchsurfing.

Salir de la mismísima nada de Cabo de la Vela, al mismísimo todo de Santa Marta se siente cómo un golpe duro en la cabeza. De esos que te borran algunas ideas. Que te dejan medio tonto. Tanto como para hacerte olvidar por qué se te había ocurrido ir ahí en primer lugar.

Con Santa Marta caminamos sus calles, vimos sus virtudes, sus edificios lujosos y su podredumbre más podrida. Y nada logró conquistarnos. La predisposición juega mucho en la conquista, y ni Vero ni yo teníamos la más mínima intención de enamorarnos de otra ciudad (sí, quería solo al mar, ¿Cómo lo adivinaron?)

Así que después de desencantarnos en húmedad y asfalto espinoso, nos fuimos al Parque Nacional Tayrona apenas recuperamos las energías que el llegar a Santa Marta nos había quitado.

El ultraturismo

Tayrona

Las ganas de visitar Tayrona comenzaron a volverse inversamente proporcionales a la cantidad de turistas que vimos que iban al mismo lugar que nosotros. No importa, nos dijimos. No nos afecta que todo esté corrompido por el turismo, ¡Es un Parque! ¡Tiene que estar protegido!, nos dijimos (nos mentimos).

La pantomima de preservación de la empresa privada que administra el parque me asombró. Una entrada carísima, un brazalete que nos marcaba a fuego declarando que pertenecíamos al selecto grupo de miles de personas que pueden entrar a Tayrona, y un señor en la puerta de ojos claros disfrazado de aborigen completaban el show kitsch que el Parque Nacional se complacía de presentar.

Quedarse a dormir en Cabo San Juan, donde estaban las mejores playas, las mejores comidas y los mejores cuerpos, no solo era la opción más cara, sino también la más ruidosa. Mucha gente, muchas carpas, mucho grupo joven en plan de vacaciones. De esos que gastan mucho, toman mucho, comen mucho y ensucian mucho y que le vienen como anillo a quienes necesitan (¿necesitan?) ganar mucho.

Nos quedamos y alquilamos una carpa en el primer lugar de todos. Allí había menos gente, menos ruido, más naturaleza. Hicimos todo el trayecto caminando con nuestras mochilas, aunque también estaba la opción de hacerlo a caballo (a un precio desorbitante, por supuesto).

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En este lugar pasamos nuestras noches, que fueron varias (a hoy diría incontables, porque no las recuerdo como para numerarlas) y con el canto de las estrellas comenzamos a ver a Tayrona con ojos que se enfrentaban a la revelación de la naturaleza, del hombre y de La Tierra, que siempre prevalece.

Laura

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Sí, acá le gente era más sencilla. Cocinaba a leña, compartía cuentos, cantaba a la noche. Sí, acá no había (mucha) pose. Acá al pájaro carpintero no le molestaba nuestra carpa cerca de su tronco. Todas las mañanas a eso de las seis (según indicaba mi reloj mental, ya que el celular permaneció descargado casi todos los días), venía a hacer de despertador picoteando la madera para levantarnos.

carpintero

¿Despertador? No, te agradezco.

Y ahí también estaba Laura. Única, gentil, con una piel casi tan transparente como su alma. Rola. Buena. Nos hicimos amigos al instante. Amigos de esos que se conocen desde toda la vida. Y desde otra(s) vidas. Esos amigos que cuando termina el día se vuelve difícil despedirlos.

Nos repetía sin cesar “Ay, taaan lindos ustedes”, cada vez que le contábamos una anécdota viajera, con esa tonada bogotana que llenaba de caramelo los oídos y que se quedaba haciendo cosquillas por los tímpanos.

Nos compartía su vida, su pasado, su presente. Su comida. Montones de comida (“Basta Lau, ¡ya nos da vergüenza comerte todo!”). Hablaba de su vida como si fuera una novela romántica de suspenso. Nosotros le prestábamos atención sin parpadear.

Así pasó que Tayrona dejó de ser Tayrona desde el momento en que nos topamos con ella. El turismo, las ganancias de las empresas, mi enojo con el mundo, ya todo se había ido a volar. Colombia dejó de ser la Colombia que habíamos conocido. Ya era otra, se había transformado. Confirmamos que este país no era (solo) un país de paisajes, de relieves, de contrastes. Era (además) un país de caras. De personas. Cada lugar que habíamos recorrido, cada ciudad, pueblo, ¿cada Parque Nacional? que habíamos visitado, venía asociado a una cara. Teníamos un mapa de rostros que nos devolvía una de las mejores experiencias que hayamos vivido en toda la existencia. Nuestra y de otros. Universal.

Mono Tayrona

La naturaleza…

Cangrejo

…siempre…

Pajaro Tayrona

…es…

araña tayrona

…más.

Lau fue Tayrona, fue Taganga, fue Cartagena, así como Mayra había sido San Agustín, July había sido Cali, Álvaro y Diana habían sido Medellín y Nelson había sido Bogotá. Personas. Los lugares nacen, crecen, se reproducen y mueren por las personas. Ríen personas, lloran personas, comen personas. Las regurgitan, las esculpen, las mutilan y les dan alas. Son los momentos compartidos con las personas los que surgen a flor de piel escuchando una canción, viendo un paisaje, llorando un recuerdo, tocando una foto, y no otra cosa. Ahí entendí parte de nuestro desencanto con Santa Marta.

Mar Tayron

Laura nos acompañó todos los días que pasamos en Tayrona. Y como la despedida era difícil (ya lo dije antes, ¡cosa de grandes amigos!), seguimos con ella a Taganga. Nadamos, comimos, preparamos salsas (¡Gracias por enseñarme cómo!), reímos. Nos emborrachamos.

Taganga

En algún momento casi lloramos. Las historias se reinventaban, aparecían nuevos amigos, nuevos cuentos, nuevas tragedias. La muerte había aparecido en algún momento de la noche. Un tatuaje reveló la historia. Todo se había puesto intenso. Sin embargo, esta vez, no hablamos. Optamos por tirar las palabras al mar.

viajar

atardecer tagangaatardecer taganga2atardecer taganga

Después de unos días nos habíamos vuelto más amigos todavía, si eso podía ser posible (sí podía). Entonces fue más difícil despedirnos. Volvimos a negarnos a hacer una cosa así. Y convencimos a Lau de seguir camino, al lado nuestro, al menos un tiempo más.

-Chicos ¿Ustedes no necesitan algo de intimidad?

(Risotadas)- Lau, venimos viajando todo el tiempo los dos solos, cuando encontramos a alguien como vos, ¡no lo soltamos más!

-¡Aaaaay tan lindos!

Laura2

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15 Respuestas a “La revelación de Tayrona”

  1. Magali dice:

    ¡Es que son lindosssss!

  2. Guido dice:

    Linda entrada, emotiva, me gustó la historia con su nueva amiga. Me gustaron las fotos, el lugar, todo. Re lindo, todo. Ganas de viajar! Que sigan bien chicos! un abrazo grande!

  3. Alejandro dice:

    Marcos: Te cuento que vengo leyendo tus post desde que estaba en Buenos Aires. Ahora, mi novia y yo estamos haciendo un viaje muy parecido y nos gustaría que te dieras una vuelta por nuestro blog: piloteandomiviaje.blogspot.com.ar

    En pocos días vamos a llegar a Santa Marta, así que seguro contaremos en el blog que nos parece.

    un saludo!

    Alejandro.

  4. Lau dice:

    Como el dicho que dice algo así…: el viaje no es los lugares que visitas sino la gente que conoces.
    Hermosas imágenes!.
    Besos
    Lau

  5. Ana dice:

    Qué bien!! Nosotros queremos ir este invierno a Colombia. Mi marido es colombiano y yo española. Vamos a ver a su familia y queremos estar en Tayrona… siempre me ha gustado la gente auténtica y tengo ganas, muchísimas ganas, de aprender de otras culturas… me encantaría poder conocer a gente auténtica. Y me gustaría saber si todavía existen poblaciones indígenas que no hayan perdido sus costumbres.. me encantaría conocer esa cultura y a todas esas personas. Qué ganas de viajar!

    • Marcos dice:

      Ana, si tu marido es colombiano seguro él sabe más que yo, pero en el recorrido que hicimos por Colombia sentí que en la zona de La Guajira la comunidad Wayuu parece ser una de las pocas que no han perdido sus costumbres, su forma de vestir y su estilo de vida. Lo sentí bastante auténtico.
      Más allá de eso apenas comiences a viajar te vas a dar cuenta lo distinto y lo iguales que somos entre todos, y la cantidad de cosas que vas a poder aprender de cualquier persona que te cruces en el camino.
      Te deseo mucha suerte y muchos viajes 🙂

  6. Ana dice:

    Muchísimas gracias!!! Un Saludo y lo mismo digo!!! :)))

  7. Juan Sebastian dice:

    Buen relato.Soy colombiano y este fin de semana estuve en el parque. Jamás había estado allí y la verdad me encantó. A nosotros no nos salió caro por ser nacionales (por 5 personas para estadía de 4 días y el parqueadero de nuestro auto durante esos días nos salió por un poco más de 60 dolares), a los extranjeros les cobran mucho mas (me parece justa la medida, es una simple opinión). La comida realmente no me pareció tan costosa, la calidad y tamaño de los platos es bastante buena (nos quedamos en Cabo San Juan). Si bien la zona de camping estaba a estallar, las playas no se veían tan abarrotadas como se creería. En fín, el tema de las incomodidades por el camping pasó a un segundo plano cuando descubrí la belleza del lugar. Hay un tema que se debe aclarar, el parque no es administrado por ninguna empresa privada, quien lo administra es una entidad pública llamada Parque Naturales Nacionales de Colombia. La única empresa privada que opera en el parque es Aviatur y tiene una concesión para explotar una playa pero la misma va a ser revocada por el gobierno y el territorio va a ser devuelto a los pueblos aborígenes del parque.

    PD: Tuve la intención de ir en diciembre a Buenos Aires pero con tantos cortes de luz que tienen allá en medio de ese calor tan insoportable, decidí desistir de mis planes.

    Saludos!

    • Marcos dice:

      Muchas gracias por la info. Yo no estoy metido tanto en el asunto, pero el problema del Parque Tayrona es la cantidad de particulares que están metidos en sus tierras y tienen propiedades y proyectos de construcción hotelera, por eso no creo que la única empresa sea Aviatur. Arrecifes SA tiene el proyecto de construir un hotel de lujo en el parque y dentro hay varias empresas con tierras a su nombre. Pero repito, no estoy metido en el asunto y esto me lo contaron estando allá los dueños de los campings.
      En cuanto a los precios, yo venía acostumbrado a comer por 5.000 pesos, por eso me pareció caro, pero es verdad que para vacacionar no lo es!

      La mejor época para ir a Buenos Aires es otoño (Marzo-Junio) o primavera (Septiembre-Diciembre), en verano es casi tan caluroso como Cartagena! 😀

    • KKO dice:

      IMO no se deberia cobrar mas a los extranjeros no me gusta cuando voy a otros paises y pago mas que otros e incluso me parece que solo se lucra la empresa que explota el lugar.
      Aun asi puedo entender que se cobre menos a residentes del lugar.

      Saludos

      P.D cuando vuelva a visitar mis padres espero poder visitar el choco

  8. Tengo unos recuerdos mas increíbles de Parque Tayrona. Me encantó el posteo. Saludos desde Szeged,

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