Machu Picchu Día II: La subida sin fin y la lección Inca.

Tocó despertarse al alba. Caminamos unas horas para después desayunar. El día de hoy sería casi todo ascenso y el cansancio no se hizo esperar. La altura, para colmo, nos obligaba a respirar con dificultad. En esta situación, la hoja de coca se convirtió en nuestra mejor aliada. Mascarla nos permitió seguir camino. Dicen que la coca, además de quitar hambre y sueño, abre los alvéolos de los pulmones, lo que hace más fácil obtener el oxígeno del aire al inhalar.

La primer parte de la travesía era a través de una zona más selvática, pero a medida que subíamos el paisaje cambiaba, se volvía más árido, y con menos vegetación.

Al comienzo del camino, todo era más verde

Hasta había árboles de gran altura.

Pero subiendo el paisaje cambió bastante

La caminata fue realmente dura. Estuvimos subiendo durante unas cinco horas, parecía que no llegaríamos jamás. Pero lo hicimos, alcanzamos el paso de la mujer muerta, el punto más alto de toda la travesía. A medida que íbamos llegando, nos recibían con un aplauso motivador. Así hicimos con todos.

La prueba de la altura a la que nos encontrábamos, para la posteridad

No sé que se notaba más, si la alegría o el cansancio al haber llegado 😀

Lo que tocaba ahora era bajar. Dos horas de descenso, escalones resbaladizos y comenzó a llover. Las patinadas, algunas bastante fuertes, no se hicieron esperar.

Abajo nos esperaban las nubes!

Y algunas ruinas

La pregunta (acertada) de Vero al ver tanta subida y tanta bajada por las montañas, fue “¿Y por qué no hicieron los Incas túneles en vez de rodear tantas montañas y tanto sube y baja?” La respuesta del guía fue más acertada todavía. “Desconozco si los Incas contaban con la tecnología suficiente como para cavar túneles, pero más allá de eso, su filosofía de vida no se los permitiría: ¿Cómo se les iba a ocurrir dañar a las montañas, sus dioses, a la mismísima Pacha Mama , la que les brinda todo lo que necesitan, solo para facilitar su viaje? Imposible”. Después de esa lección sobre cultura incaica, que me dejó pensando en como sería este suelo, este país o incluso este continente si el respeto por la naturaleza se hubiese mantenido durante los siglos hasta hoy (en fin, filosofando porque no tenía nada mejor que hacer), continuamos camino y al fin llegamos al campamento. Cenamos y apenas pudimos nos fuimos a dormir, siempre con la lluvia como telón de fondo. Mañana nos esperaban más de 15 kilómetros de travesía. Casi los últimos.

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