Muestra gratis de política venezolana (prueba superada)

Hacía ya un rato largo que estábamos arriba del taxi que nos salvó de la mafia de la frontera en Cúcuta, y estábamos solos, así que el viaje empezó a ponerse aburrido. Intenté cruzar algunas palabras con el señor taxista, pero hablaba tan rápido, y el motor hacía tanto ruido, que no lo entendía nada.

Desistiendo de la posibilidad de entablar cualquier tipo de conversación, me dediqué a mirar por la ventana los siguientes largos minutos, hasta que el taxista se dio cuenta de mi hastío, y me acercó un diario que tenía en el asiento del acompañante diciéndome: “¿Quieres leer algo? Toma”.

El diario en cuestión tenía, como de alguna forma lo esperaba, a Chávez en primera plana. Venezuela según este diario, y por las primeras páginas y titulares que leí, era casi un cuento de hadas. Todo estaba bien, la gente tenía cada vez mejor nivel de vida y las cosas andaban cada vez mejor. Debo admitir que no recuerdo el nombre del diario, y tal vez estoy haciendo como aquel que tira la piedra y esconde la mano, pero la intención no es criticar al diario (¿Quién soy yo para criticar un diario después de leerlo por arriba y que habla sobre un país que apenas conozco?) sino que esta explicación sirve para relatar lo que sucedió a continuación:

Este periódico es oficialista, ¿no?- Le pregunté al taxista casi a los gritos para que me escuche y entienda.

-No, para nada, claro que no. Fíjate que no todo lo que dice sobre el país es bueno- me contestó y por la forma en que lo hizo tuve la leve sensación de que me había metido en un tema que hubiese sido mejor no tocar.

Pero sinceramente, ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo no hablar de política, de libertad de prensa, de mis precarios conocimientos sobre el socialismo, estando en Venezuela misma bajo el mandato del mismísimo Hugo Chávez y encima en año electoral? ¿Cómo no hacerlo? No había forma, estaba claro para mí que tarde o temprano sucedería, pero nunca me imaginé que sería a solo una hora de haber pisado tierra bolivariana.

Venezuela-chavez

La bandera venezolana y por detrás Chávez junto a ¡Jesucristo!

Como les expliqué antes, el diario era súper oficialista, pero el taxista opinaba distinto. Quise preguntarle dónde estaban “Las cosas malas” de las que me hablaba, pero en el camino un señor de unos sesenta años paró el taxi justo cuando la conversación parecía que se iba a poner buena. El señor se subió en el asiento delantero y saludó amistosamente. Al poco tiempo tomó el diario que yo había estado leyendo y comenzó a espetar: “Estos periódicos comprados por el Chavismo me dan gracia, nunca noticias sobre la delincuencia o la pobreza del país”.

El taxista dejó escapar un desafiante “Ja!” frente a los dichos del señor, y esas dos letras alcanzaron para darme cuenta de que, si antes esperaba que la conversación se ponga buena, ahora ya hasta podría esperar que fuese más que una conversación.

-Este periódico no es del chavismo- respondió el conductor y siguió. –Si dice cosas buenas es porque suceden cosas buenas en el país– terminó diciendo.

-Ah, claro, y yo tan bobo de creerme que un taxista puede estar disconforme con el gobierno, con lo barata que está la gasolina gracias a Chávez– contestó el señor como quién se da cuenta de repente de la cosa más obvia del mundo.

-No digo que no me beneficia- Contestó el conductor de forma sincera, y continúo –Pero hay muchas cosas de este gobierno que no me gustan.– Ahí intentó parecer sincero, pero no convenció a nadie adentro del vehículo.

Yo seguía la conversación lo más cerca que el ruido del motor me permitía. Estaba asistiendo a un debate cuasi político en vivo y en directo dentro de un  país que está sufriendo cambios a niveles sociales (a mí poco entendido parecer) como ningún otro en la región. Me sentía un privilegiado.

Nafta

El señor tenía razón sobre la gasolina barata: 2 Bolívares por 28 litros, algo así como 0,25-0,50 centavos de dólar

Pasamos por un pueblito y alguien volvió a extender la mano para parar nuestro taxi. Esta vez era una señora de unos 50 años, que se acercó al auto y se sentó al lado de nosotros. Saludó y apenas devolvimos el saludo nos preguntó de donde éramos; el señor sentado adelante se dio vuelta para escuchar nuestra respuesta. “De Argentina”, contestamos al unísono y obtuvimos de su parte un tibio “Ah”, y no preguntó nada más. El señor se volvió y continuó leyendo el diario. Nos resultó raro que no quisieran saber qué hacíamos ahí o cuál era nuestra historia, porque en todos lados siempre nos hacían miles de preguntas. Parecía que en Venezuela no sería así. Se me ocurrió pensar que a veces puede estar bueno eso Open-mouthed smile.

“¿Ustedes votan para alcalde en esta zona?” preguntó la señora, y el debate político se venía otra vez. Me atreví a meter bocado en la conversación y pregunté “Seguro son todos oficialistas ¿no?”. Increíblemente todos estuvieron de acuerdo en contestarme que no, que había muchos opositores, que por ejemplo el gobernador de Mérida, elegido ese año, era del COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente), en franco enfrentamiento con el chavismo.

La conversación se llevó más a la política zonal, a los problemas de los vecinos, y no pasó mucho tiempo para que se convirtiera en chusmerío de barrio, contando que tal vecino se unió a tal partido o que tal otro consiguió un puesto por contactos. Era increíble igual notar que todo lo que se hablaba tenía siempre un tinte político. Jamás sentí que algo similar sucediera en cualquier otro país que hayamos visitado.

Momentos después se bajó la señora primero y unos kilómetros más adelante el señor. Volvimos a quedar solos por una hora más hasta que llegamos a San Cristóbal. Bajamos las cosas y le pagué al taxista con un billete de cien Bolívares.

merida

Ya queríamos estar acá, en la Plaza Principal de Mérida!

Listo quedamos así– me dice.

-No ¿Cómo? ¡Si me dijiste que costaba ochenta!– Contesté indignado. No podía creer que él también nos quisiera estafar cómo la gente de Cúcuta.

-No, bueno, eh…pero no, porque…eh, con el tipo de cambio yo pierdo, si me hubieras pagado con pesos colombianos serían ochenta– Me retrucó con lo primero que se le cruzó por la cabeza.

-¿Y por qué me dijiste el precio en bolívares? No lo puedo creer, dame el billete– le dije desafiante, mientras sacaba los últimos pesos colombianos que tenía. El taxista jamás se hubiese esperado que yo tenga aún pesos colombianos en mi poder. Le entregué el equivalente en pesos (18.000 pesos le di), y agarré los 100 bolívares.

Tú eres muy rápido mi pana, me has estafado- me dijo un poco enojado y un poco incrédulo de que un mochilero le haya dado de probar de su propia medicina. ¡Ya teníamos meses de ser estafados por todo el continente!, así que poco a poco fuimos aprendiendo a defendernos 😀

Entramos a la estación de buses y buscamos donde comer. Nos sentamos en el primer lugar que vimos y mientras Vero ordenaba fui a buscar transporte para Mérida. Debíamos esperar hora y media y hacer una fila para tomar asiento, así que comimos rápido y nos unimos a la masa de venezolanos que esperaban el bus.

Subimos, nos ubicamos y en una hora ya estábamos en la ruta. Al cabo de varios kilómetros pasando por la mismísima nada, el bus frena bruscamente y el conductor baja. Comenzamos a mirar por la ventana y vimos pasar lo que nunca nos había sucedido en nuestros casi cinco meses de viaje: una rueda pinchada.

conferryvenezuela

Letreros como este volvían a repetirse por el camino.

Lo peor era que la gente local comenzó a desesperarse, quería irse de ahí a toda costa, diciendo que era muy peligroso, que en esa zona nos iban a robar todo y que había que salir antes de que cayera la noche. El conductor del bus estaba de acuerdo, y se subió y condujo varios kilómetros más hasta que llegamos a una estación de servicio. Ver el miedo de la gente nos hizo preocuparnos un poco por la inseguridad en el país. Pero en ese momento, nosotros que veníamos viajando desde hace un día entero desde Villa de Leyva, Colombia, simplemente dejamos ese tema de lado, y solo nos preocupaba nuestra mala suerte.

merida

La sierra venezolana tendría que esperar un día más…

Comimos algo ahí y encontramos una persona que vendía minutos para llamar por teléfono a nuestro host de Couchsurfing (Cuando Vero le preguntó a la chica, “¿Cuánto es?” y ella le contestó “dos mil”, casi entra en pánico. Le tuve que explicar que algunos todavía están acostumbrados a mantener los ceros de los Bolívares que existían antes, y que dos mil bolívares eran dos bolívares fuertes. Así le volvió el alma al cuerpo).

Por suerte nuestro anfitrión no tenía problema en esperarnos, así que eso fue un alivio. Viajamos unas horas más y ya era de madrugada cuando por fin, después de viajes interminables, estafas fronterizas y no fronterizas, debates políticos y ruedas pinchadas, habíamos llegado a destino. Estábamos en Mérida, con hambre, sueño y dolor de cuerpo. Nos miramos los dos a la cara y sí, efectivamente estábamos destruidos, ¡pero felices de haber superado todas las pruebas!

Nota: No todas las fotos son de este trayecto pero sí corresponden a nuestro viaje en Venezuela. Muchas fueron sacadas con celular porque tuvimos problemas con la cámara. Sepan disculpar la mala calidad, y gracias por leernos. Smile

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4 Respuestas a “Muestra gratis de política venezolana (prueba superada)”

  1. Magalí dice:

    ¡Me encantó! Punto número 1: ¡Quiero un contador conmigo que me explique esas cosas locas del cambio porque sinceramente, no entiendo un perejil! Punto número 2: Esas vivencias increíbles, esas cosas que pasan en la ruta… fff… son simplemente magníficas 🙂

  2. Marcos dice:

    Jaja gracias por ser nuestra fan número uno también!
    Punto número uno: Cuando quieras te explicamos todo, a veces saber de esas cosas ayuda a que no perdamos plata con “avivadas” de la gente que te ve “turista e indefenso”;
    Punto número dos: Pensaba escribir en este post todo lo que habíamos pasado en Mérida, pero a veces lo que pasa viajando es más importante que lo que pasa en el destino, quedará para el post siguiente 😀

  3. Buffy_raver dice:

    Leyendo este post, rei, me asuste y volví a reir. Estar en Venezuela y no hablar de política es imposible, ya es parte del dia a dia, sea de lo poquito bueno o de lo mucho malo, seas turista o no, ese tema te alcanza. Aun asi, Mérida, la ciudad de los caballeros tiene esa magia que muy en sus adentros te permite desconectarte aunque sea unos dias de tanta cosa. Espero hayan disfrutado de mucha trucha!

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