Panamá: primera impresión de Centroamérica

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Que se dice, se dice. Pero yo nunca lo creí así. Centroamérica me había parecido, en cada una de las ocasiones en las que había oído hablar de ella, bien similar al sur del continente. Al menos a las zonas no tan al sur.

Llegando a Panamá, después de cruces interminables, dos días arriba de una lancha, y unos cuántos dólares menos en el bolsillo, lo que me había parecido en su momento se veía ahora como el recuerdo de otra persona, algo que era totalmente imposible que haya surgido de mi mente.

Panamá puede llegar a ser una buena carta de presentación de Centroamérica. Una ciudad cosmopolita, un caribe que es más que cualquier postal, edificios imponentes, culturas aborígenes orgullosas. Pero descubriría rápidamente que cada país tiene su razón de ser, y Panamá puede presentar a Panamá, y nada más.

Se dijo que pasamos más tiempo del que queríamos en Panamá City, pero puede que haya sido el que correspondía. La terminal de Albrook siempre estaba abarrotada, y aun así los hilos de Cartagena se movieron y nos reencontramos con Flor y Jonas, todo casualidad, para sacar (¡Oh, bella casualidad!) el mismo pasaje para subir a Nicaragua.

¿Qué se podía hacer en la ciudad? Comprar, comprar y comprar. No era nuestro objetivo, ni por lejos. Semana Santa cayó sobre nosotros y no nos quedó más opción que quedarnos. No había a dónde ir. Pero de comprar, nada.

Vero dijo que la vida era injusta, que una ciudad como Panamá no podía caer en el recorrido de un mochilero, con cosas tan baratas y nosotros ya sin espalda y sin espacio. Yo, como siempre, le decía que era una exagerada.

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Panamá City de noche…

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…y Panamá City de día

Bolivar

Y Panamá Capital del Mundo

Era sí totalmente verdad que no había mucho más para hacer. Recorrer el casco viejo, probar la comida del puerto, ir al canal (¿Quieren que les hable del canal? No lo voy a hacer. Sin desmerecer la impresionante obra, me pareció muy aburrido) y comprar. O no comprar, y meterse en malls tan grandes que perderse en ellos puede pasar más de una vez (tres, para ser exactos).

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El aburrido e impresionante Canal de Panamá

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El transporte más extraño de la Ciudad de Panamá en la terminal de Albrook: Los Diablitos Rojos.

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Y una nena de las más lindas que hemos visto, que justo viajaba en ellos 🙂

La Semana Santa permitió que veamos celebraciones pascuales muy interesantes. Bailes en las iglesias, procesiones en las calles principales, mujeres con ruleros en las calles días antes de la gran fiesta. Eso nos animó a pensar que no todo era consumismo.

Preparándose para entrar a la iglesia del Casco Viejo

Preparándose para entrar a la iglesia del Casco Viejo

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También nos animó conocer gente nueva. Audrey, francesa de alma rocker, se volvió nuestra compañera en los días de Panamá City. Nos perdimos cuando nosotros encaramos para Bocas del Toro y ella decidió quedarse unos días más. Sin embargo, como todas las cosas que son porque tienen que ser, el reencuentro se daría.

Bocas del Toro es, por cierto, uno de los lugares más “caribbean power” en los que hemos estado. Nuestra elección de estadía fue Red Frog Beach, ya que el hostel que estaba ahí era uno de los más baratos y la entrada a sus hermosas playas era gratis si te hospedabas con ellos. No nos arrepentimos para nada. El hostel era increíble, e, increíblemente, estaba vacío. La gente acá parecía bastante más amistosa que la de ciudad de Panamá (cosa de capitales, imagino).

Y nos encontramos por primera vez con nativos que hablaban inglés como primer idioma (o criollo, que es más o menos un inglés con algunas variantes). A muchos les costaba hablar español. Algunos ni siquiera lo hacían, ya que el turismo era mayoritariamente europeo o angloparlante.

Las playas son las mejores que conocí para hacer snorkel. Y estaban absolutamente vacías. En Red Frog sentimos que el Caribe era todo para nosotros. Nadando, nadando y nadando descubrí que amaba todavía más al mar. Y decidí que quería bucear, después de meterme solo mar adentro siguiendo un arrecife que se extendía unos metros por toda la costa, y luego caía en una especie de precipio marino metros y metros hacia el azul profundo.

playa bocas del toro

Red Frog Beach

agua bocas del toro

y su agua transparente vista desde el muelle

Nunca me asusté tanto como esa vez, al ver que el piso desaparecía bajo mis pies, y yo estaba ahí, solo frente a la inmensidad marina, lejos de la orilla, viendo como allá, bien abajo, nadaban miles de cosas de las cuales reconocía muy pocas. Me pareció ver un pez bien grande, con una aleta en el lomo, gris, con dientes y que no se parecía precisamente a un delfín. Jamás me animé a decir lo que creía haber visto en voz alta. Ni siquiera hoy. En ese momento solo me dediqué a salir lo más rápido posible del precipicio y volver a aguas menos profundas. Y a respirar aliviado una vez que pude volver a pisar tierra firme.

El lugar donde me aventuré al snorkel :D

El lugar donde me aventuré al snorkel 😀

Red Frog Beach debe su nombre a unas pequeñas ranas rojas que viven ahí y que pululan por la selva. Nos llevamos la gran decepción de no poder haber visto ninguna. Hacía demasiado calor y los lugareños nos dijeron que en días así las ranitas optaban por esconderse bien adentro en la vegetación y abajo de las hojas, para mantenerse frescas. Intenté sumergirme en la selva para poder encontrar alguna, pero evidentemente el concepto de “bien adentro” mío difería en varios cientos de metros del de las ranas.

El único bichito rojo que vimos fue esta libélula

El único bichito rojo que vimos fue esta libélula

Abandonamos Panamá para seguir a Costa Rica y luego a Nicaragua, a reencontrarnos con Flor y Jonas. Llegar a centroamérica fue toda una revolución y un cambio. El inglés comenzaba a contar con mayor presencia, y, sin embargo, lo latino se sentía más.  Estados Unidos surgía y se reproducía con frecuencia infinita en nuestras conversaciones, en los diarios y en las publicidades.

Nos sentimos un tanto alejados de esa Latinoamérica del sur, con la que nos identificábamos un poco más. La primera impresión centroamericana fue la de conocer a un primo lejano, uno de esos que nunca habíamos visto, pero que de una u otra forma reconocemos en él gestos y características que son comunes a toda nuestra gran familia.

Centroamérica se imponía ante nosotros verde, alborotada, comprimida y misteriosa. ¿Era el propósito de este viaje revelar sus misterios, o descubirir cuán parecidos o distintos somos? No. El propósito de este viaje era viajar. Y en centroamérica, a la sombra de lo desconocido y lo lejano, lo recordamos como en la vida lo habíamos hecho.

 

 

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4 Respuestas a “Panamá: primera impresión de Centroamérica”

  1. Magali Vidoz dice:

    Guaaa… sin palabras!! No, sí, un par: morí de risa imaginándote “alejándote lo más rápido posible” pero no tan rápido, cosa que el “coso con dientes” no se diera cuenta de tu presencia…. jajajajaja genial!

  2. franco p dice:

    En q hostel te quedast en red frog?? Saludos hermano

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