Playa Blanca, un diálogo, ustedes y yo

Atardecer Playa Blanca

Nunca supe cómo empezar esto. Nunca supe cómo empezar a hablar de esto. De Cartagena, de Barú, de Playa Blanca…de todo, digamos. Veo mis anotaciones de cuando estuve por allá, y hay fechas, comentarios tachados o escritos encima, precios, números de teléfono, un asterisco del asterisco del asterisco. Así fue, y así sigue siendo. Un enjambre de avispas letradas que brota del papel y construye un panal en el hemisferio izquierdo de mí cerebro. Y ahí las tengo, zumbando. A ver que sale.

Y algo que rescaté de ahí fue un diálogo. Uno gracioso. Uno extraño. Voy a dejar que este post sea 90% diálogo, 5% yo y 5% ustedes. Sí, hoy necesito feedback, que me ayuden a dilucidar qué pasó en ese diálogo. Porque Barú, Playa Blanca y Cartagena fueron así. Revoltosas, desprolijas, incoherentes. Y así siguen siendo. Y así va a ser esto, ¡quedan avisados!

La costeñidad

Barú tiene la particularidad de contar con playas hermosas, agua tan turquesa que parece artificial, y sobre todo, costeños. Gritones, hoscos y con muchísimo carácter (particularmente las mujeres). No me gusta la gente que grita por gritar.

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Y todos los lugares que había para quedarse estaban, justamente, empapados de costeños. La pareja que nos alquilaba la carpa en Playa Blanca intercalaba sus peleas maritales con las peleas con el vecino. La mujer cocinaba todo el día, el señor se emborrachaba todo el día. Me pedía plata, me robaba cosas. Después, sobrio, me las devolvía.

A partir de las siete de la tarde, ya no había mucho para hacer. El Sol moría y la luz eléctrica era cosa de vecinos ricos con generadores y alojamientos agringados.

[frame align=”center”]El color del sol[/frame]

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Bañarse era actividad exclusivamente del día. No desperdiciar los 5.000 pesos que costaba el agua dulce era esencial. Y yo me volvía a recordar: cuidar el agua, cuidar el aguame gusta más como se dice en inglés: ‘freshwater’. Da una idea mucho más específica de lo importante que es en realidad. Agua fresca. Agua (que) refresca.

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Un costeño con la camiseta de Ferro

A veces, la realidad es más que nada. O más que todo. A veces, no es necesario transmitir sentimientos, contar cómo vivimos las cosas. A veces, alcanza y sobra simplemente contarlas. Y a veces, muy de vez en cuando, tenemos la suerte de encontrarnos con uno de esos casos.

Acercamos unas sillas de plástico a la orilla y una mesa para almorzar con sabor a mar. Después de casi una semana en la carpa ya nos sentíamos como en casa, a pesar del griterío. En medio de nuestro almuerzo vemos que se acerca un vendedor con una camiseta verde y blanca. La miro bien. La vuelvo a mirar. Sí, era la camiseta de Ferro.

-Vero, ¡Mirá! ¡Ese tipo tiene la camiseta de Ferro!

Cangrejos

Vero estaba distraída mirando al vendedor de cangrejos.

-¿En serio? ¡Le cuento a mi papá y se muere! ¿Qué hace con la camiseta de Ferro?

El hombre se da cuenta de nuestra sorpresa y se acerca. Sonrisa blanca, piel negra, y ojos de mañana de invierno. Vende anillos, pero no nos ofrece nada. Se sienta. Doy el primer paso y arranco a hablar.

Y acá llega el diálogo. Es 100% real, y sucedió en Playa Blanca. Todo de ustedes:

-¿De dónde sacaste esa camiseta?

-¿Esto? ¡Es que soy fanático de Ferro!

-¿En serio?

-Sí, sobre todo de las épocas de Griguol, y el equipo campeón del ’84: Basigalup, Agonil, Cúper, Marchesini, Garré, Arregui, Brandoni, Cañete , Noremberg, Márcico y Gargini.

-…… (¿este tipo de dónde salió?)

Ante mi no-respuesta, él siguió solo:

-¡Yo sé muchas cosas de Argentina!

De fútbol se ve que sí. (¿Le dije en algún momento que éramos argentinos?)

-¿A qué equipo sigues?

-No sé si lo vas a conocer: Lanús.

-Ah, sí. El “Granate”. Campeón en 2007, el clásico es Banfield. Otros equipos del sur son Talleres de Remedios de Escalada, Los Andes, Temperley, El Porve…ese está en Gerli ¿no?

-(¡¡¡¡¡¿¿¿¿????!!!!!)

Vero sale un segundo del asombro y toma el control

-Pero, ¿vos viviste en Argentina? ¿Cómo es que sabés esas cosas?

-No, yo nunca salí de esta isla.

Los tres comenzamos a reírnos. Nosotros nerviosamente, como si fuésemos estudiantes universitarios que se ríen de los chistes del profesor antes de que empiece a entregar las notas de nuestro último parcial.

-¿Y, entonces, en serio, cómo sabés todas esas cosas?

-Porque escucho la radio dijo mientras lanzaba una carcajada.

Lo miro bien de cerca, para asegurarme de que este hombre sea real, y antes de que pueda comenzar a formular preguntas del tipo “¿Quién corno sos?” o “¿Qué radio en Colombia transmite a Los Andes?”, él continúa:

-Argentina tiene veintitrés provincias y la Capital Federal, ¿Quieres que te las diga todas con sus capitales?

-Ehhhhh….

El hombre comenzó a recitar como el mejor alumno de cuarto grado días antes de jurar a la bandera, y no le erró a ninguna. Se las sabía todas y sabía dónde estaban ubicadas.

-No, por favor decinos, ¿Leés libros de historia?

-No, solo escucho la radio, jajaja

Maravillados y a la vez frustrados, encontrándonos frente a un mago de la palabra que no quería revelar sus trucos, nos quedamos otra vez sin habla. Y él, volvió a la carga:

-“El que depositó dólares recibirá dólares”, “síganme que no los voy a defraudar”, “la casa está en orden”. Todos esos políticos que tienen en Argentina… Y ahora, ¿Cristina? Antes decían que el marido era títere del cabezón Duhalde, después que ella era títere de su marido, ¿y ahora?

Sentía que me salía humo de la cabeza intentando entender de dónde había sacado este hombre toda esa información “de calle” de nuestro país. Mis neuronas en ese momento comenzaron una huelga pidiendo aumento de sueldo. No tenía ningún sentido. El hombre evidentemente era colombiano, costeño, y a menos que haya vivido en Argentina por lo menos diez años, era imposible que supiera lo que sabía.

-Por favor, ¿nos podés decir cómo sabés todas estas cosas? ¿viajaste a Argentina?

Escucho la radio, nunca salí de esta isla, jajaja

-Oiiins, ¡no puede ser! ¿Leés los diarios?

-¡No! La radio, la radio…todo el tiempo escucho la radio. Quiero que mis hijos la escuchen también, pero no me hacen caso, jajaja.

-¿No? ¿Qué te dicen?

Qué estoy completamente loco. Cada vez que les cuento todo lo que sé me dicen: “Tú estás loco papá” 

Se produce el silencio, y elegimos no desmentir a los hijos de este señor.

-Otra cosa chicos, ¿alguna vez miraron detenidamente un billete de 20.000 pesos?

-Ehhh…bueno, no ¿Por qué? -(¿Con qué iba a salir ahora?)

-¿No se dieron cuenta? ¡El que está en el billete es Ricardo Fort, que ahora está peleado con Tinelli!

No pudimos aguantar la risa. Me dolía la risa. Ya no intenté averiguar con quién estaba hablando, ya no me importaba. El hombre parecía costeño, era costeño, hablaba como costeño. Tal vez era un poco extraño que se riera más que el resto. Tal vez sus hijos estaban en lo cierto.

Billete 20000 COL

El billete en cuestión bastardeado por la farándula argentina.

Así siguió hablando de Susana Giménez, del proceso electoral del 2003 (“Menem se retiró, ¡qué marica!”), de la crisis del 2001, de Bailando por un sueño, y de equipos de fútbol desde Aldosivi hasta Boca Jrs. Nosotros nos dedicamos a disfrutar de la magia, y a no preocuparnos por el truco.

-Chicos, ya me tengo que ir, estoy vendiendo estos anillos, si les interesa alguno.

Teníamos poca plata, y no queríamos comprar. Decidimos igual hacerlo, y este hombre, cómo si pudiese leer el pensamiento, nos dijo:

-Se los dejo a la mitad, porque sé que no me quieren comprar nada y lo están haciendo solo porque tuvimos una buena charla.

Pensando lo que significaba para este tipo “una buena charla”, y sin capacidad de respuesta, el hombre no espera ninguna, nos deja el anillo, se levanta y se va. En ese momento pasa un chico, lo saluda, y al darse cuenta que estaba hablando con nosotros nos dice en un español complicado:

-Yo no sé cómo hace este hombre, pero sabe más de Suiza que yo, todos los cantones, los famosos… ¡y eso que yo viví siempre ahí! Cualquier cosa de Suiza, ¡él la sabe!

Me quedo idiota, con neuronas que sumaron al reclamo la reducción de la jornada laboral y lo miro irse de espaldas, caminando por la orilla, con el Sol del atardecer enrojeciéndole la camiseta verde y blanca. Se da vuelta, me mira y sin escrúpulos dice:

-¡Es que escucho mucho la radio, jajaja!

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17 Respuestas a “Playa Blanca, un diálogo, ustedes y yo”

  1. Magalí dice:

    Me gustan muchi-sisisisisi-mo los post delirantes… ¿Ese hombre no sabe qué podría ser millonario con todo lo que sabe? jajajaja ¡Genial!

  2. Vanu! dice:

    EL PORVE! el amor de mi infancia hahaha no pude evitar comentar este post. Es increíble la gente que uno conoce viajando, muchas veces parecen que están ahí, estratégicamente ubicados, esperándote..
    Voy a seguir leyendo el blog, en breve arranco mi aventura.
    Éxitos chicos desde Lanús 😉

    • Marcos dice:

      Muchas gracias!!
      Y sí, la vida está ahí estratégicamente ubicada para que todo salga así de disparatado 🙂
      Mucha suerte en tu aventura, donde quiera que sea!
      Saludos.

  3. Bea dice:

    Yo no te lo puedo creer!!!! decime que los diálogos los inventaste para este post! no puedo parar de reírme!! seguía avanzando en el relato y cada vez era más delirante todo! jajaja!! A este hombre hay que llevarlo a “Quién quiere ser millonario?”, y vamos a medias jajaja!! No le preguntaron a la mujer gritona qué onda este ser (¿humano?)? Me intriga mucho mucho! :S

    • Marcos dice:

      Yo pensé lo mismo….de dónde salió, hay que llevarlo a la tele! jaja
      Puedo jurar que el diálogo es 100% real, prácticamente así como está es como lo tenía anotado en el cuaderno que escribí ese mismo día.
      La señora gritona estaba ocupada en otras cosas…con el pasar de los días se volvió más simpática, hasta nos enseñó a hacer patacones (aunque seguía gritando!)

  4. Alejandro dice:

    Excelente post Chicos! Que linda gente extraña que se va conociendo al estar en movimiento! jaja Eso te lo permite generosamente el simple hecho de Viajar!

    Por donde andan actualmente?

  5. Manuel dice:

    Si algún día me encuentro con este personaje moriré!
    Estas cosas sonas que te motivan a ser viajero y nunca turista

  6. Juan Cruz dice:

    Debo decir que investigando sobre viajes y sueños llegue a este blog, y a este post. Al ver que era de un lugar donde yo habia estado, Playa Blanca, me intereso empezar por este y me lleve tremenda sorpresa:
    Conoci a este personaje!!
    No la voy a hacer muy larga, pero estaba sentado con un amigo comiendo algo y cae este tipo (debe tener una percepcion del modelo “argentino”) sin intenciones de vender nada. Cuando lo conoci vendia adornos tallados por el mismo.
    Cuestion que se puso a hablar de Argentina como si fuera uno mas, futbol, politica, sociedad, en fin, agradezco haberlo conocido y agradezco haber llegado a este post para revivirlo.
    Saludos!!

  7. Federico dice:

    Buenísima historia!!! Te creo que no hay nada inventado, hay personajes así en todos lados. A mí me tocó uno parecido en Trinidad, Cuba. Un viejo callejero (por supuesto, acompañado por un perro y arrastrando un carro) se acerca a saludar, estando nosotros (mi novia y yo) sentados en una escalinata, descansando. Cuando pregunta de dónde éramos y decimos “de Argentina”, le pareció poco. “Ya me di cuenta, por el acento”, dijo, sin habernos escuchado antes, estoy seguro. Pidió más precisiones: “¿qué parte de Argentina?”. Para nosotros siempre fui difícil explicar de dónde somos, porque mi pueblo, Rojas, es desconocido hasta para los propios argentinos, que sólo se ubican (y hasta por ahí nomás) cuando decimos que queda “entre Pergamino y Junín”. Ahí sí, más o menos la gente se da una idea. Pues vaya que este buen hombre,cubano y de Trinidad hasta la punta de los pies, que tal vez jamás haya viajado hasta La Habana, nos tira por la cabeza un “ah, Rojas, cerca de Pergamino, Junín, San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires”… Fue lo mismo que para ustedes escuchar de corrido la formación del Ferro de Timoteo. Y sobre el pucho, sacó una libretita y nos escribió un poema. Hablamos un rato y nos despedimos. Nos recomendó visitar a “unos amigos jóvenes que viven a media cuadra”. No aceptó una modesta colaboración que le ofrecimos. Antes de irnos, se pararon unos franceses y el tipo se les puso a hablar de Luis XIV y Baudelaire como si los conociera del bar de la esquina. ¡Todo un personaje! El poema manuscrito y la foto del poeta mientras lo escribía están eternizados en un cuadro que cuelga en este momento detrás de mí. Forma parte de esos momentos sencillos e inolvidables que sólo se viven una vez, en los lugares más remotos y encantadores de nuestro hermoso mundo!

  8. Marcos Soriano dice:

    Excelente historia, los invito a conocer boyacá en Colombia. Solo pasaron x villa de leyva y hay bastantes mas cosas q de seguro les va a encantar. Excelente el blog.

  9. Alex Ferrero dice:

    Que loco, estuve ahi hace unos pocos meses y no me crucé a este personaje de historia contemporánea pero que gusto hubiese sido encontrarlo. De más está decir que él absorbe todo conocimiento como modo de sustento (o al revés)… ojalá todos pudiésemos imitarlo!

    un abrazo!

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