Sueños de Mar

Hay algo que le debo eternamente a Venezuela, y eso es mi renovado amor por el mar. Habíamos dicho que en este país había sucedido nuestro primer encuentro con el Caribe, algo que estábamos esperando desde que nos calzamos la mochila por primera vez.

Y hay algo que le tengo que reprochar a Venezuela, y eso es mi nueva adicción al mar. Llegó un momento en el que no quería ir a ningún destino que no sea costero. Y así es que de Choroní, pasamos a Mochima, y de allí fuimos a Playa Colorada, a La Isla Margarita, y al Parque Nacional Morrocoy.

Lo de Playa Colorada fue casi un fiasco. Llegamos desde Mochima, nos bajamos, y no encontramos alojamiento. Todos los lugares regulares estaban ocupados, y solo nos quedaba la opción “prohibitiva” o dormir en la playa con los bolsos. O tal vez la más trágica, que fue la que tomamos: pasar el día y seguir camino.

Arena roja, mar de ensueño y una fila de palmeras es lo que ofrece esta peculiar y bella playa, dónde nos vimos rodeados de familias venezolanas en plan de vacaciones, y de chicos traviesos sin miedo al mar que se colgaban de los barcos que se encontraban anclados por ahí. Vino en ese momento a mí una imagen que tranquilamente podría ilustrar la sensación de una infancia feliz.

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La tarde ya caía y nosotros dejamos esas hermosas playas para continuar al otro día con nuestro recorrido caribeño. Pasamos la noche en Puerto La Cruz, con el objetivo de ir a conocer la afamada Isla Margarita. Nuestra idea fue en principio contar con la posibilidad de hacer Couchsurfing, pero al ver que no tuvimos éxito, decidimos ir igual y quedarnos en algún hotel. En cuál, no teníamos ni idea.

Para viajar a la Isla fuimos en el transporte socialista, el Conferry. “Un mar de oportunidades para el turismo y el transporte popular” rezaba el cartel de la expropiada compañía que bajo las órdenes del gobierno bolivariano, tiene precios baratísimos y un cómodo servicio para viajar. No solo eso, el transporte desde el ferry hasta el centro citadino de la isla costaba como 5 Bolívares, un chiste.

Conferry

Ferry

En cuanto a los precios “no socialistas” de la isla, todo era distinto. Los hoteles más baratos del lugar resultaron ser los más caros que habíamos pagado en todo el viaje. De todas formas no nos quejábamos. Estábamos en el centro de Porlamar con un minidepartamento para nosotros solos. Llegamos y la recepcionista lo primero que nos ofreció fue cambio de dinero. Nosotros ya habíamos cambiado absolutamente todo antes de cruzar a Venezuela, a un cambio más favorable, y sin hacer nada ilegal (Vuelvo a recomendar esto: Si vienen de Colombia, cambien allá, para evitar problemas!).

Abrimos la puerta de nuestro nuevo hogar dulce hogar y nos recibió una brisa gélida proveniente del aire acondicionado. Si me preguntaran tres características de los venezolanos diría: Les gusta la música muy fuerte, muchos de ellos usan brackets (según nos contaron el gobierno provee la colocación de brackets gratuitamente), y todos aman poner el aire acondicionado en modo “Groenlandia”. Buses, Shoppings, Departamentos y Bancos, todos tienen el aire acondicionado puestos a niveles que permitirían la convivencia entre el ser humano atérmico y pingüinos antárticos en el medio del Caribe. Y a todo esto, en el regulador de temperatura, se encontraba un cartel que decía que estaba prohibido poner el aire a más de 20°C o menos de 18°C. Tuvimos que violar la ley del hotel, era eso, o irremediablemente nos hubiésemos convertido en cubitos de hielo.

Empezamos a recorrer Margarita y nos dimos cuenta de que existían dos islas: una era la isla de los All Inclusive, de los Duty Free y de las playas de ensueño. De palmeras y de playas de postal, mujeres siliconadas y familias que se veían entre sí a través de sus anteojos de sol. Otra era la isla de las playas populares, de suciedad reinante y de playas con bolsas de plástico y vidrios de botellas rotas. De olores nauseabundos y paredes resquebrajadas, de gente pidiendo en la calle. Dejo a su criterio, lectores,  cuál de las dos resulta más atractiva.

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Nos resultó sorprendente cómo podía ser que un lugar elegido por tantos compatriotas para vacacionar nos había generado tanto rechazo. Esperábamos encontrarnos con el Caribe en su máxima expresión, y una vez nuestras expectativas no habían sido satisfechas. Ni en Choroní por la cantidad de gente, ni en Mochima o Playa Colorada por la peculiaridad de sus playas (de las cuales no renegamos para nada haberlas conocido, sino todo lo contrario), habíamos encontrado lo que estábamos buscando. Y una vez que llegamos a una isla en el medio del Caribe, y nos encontramos con lo que realmente es Margarita, nuestra idea de un mar turquesa, un mar cristalino, arena blanca y palmeras a nuestro alrededor, parecía solo ser eso, una idea que se creó en la mente de alguno de nosotros, una imagen que teníamos de algo que realmente no existía, una postal que algún aviso publicitario de vacaciones nos hizo creer como un destino cierto, pero que en realidad no era más que el invento de una mente cínica que nos hizo desear algo imposible.

Decidimos quedarnos unos tres días en la isla para afirmar (o no) nuestro sentimiento y visitar algunas playas más alejadas. El viento esos días estaba raro, y trajo con él una cantidad y calidad inusual de medusas a las costas de la Isla. Con esa situación y un sabor amargo dejamos Margarita, tanto por nuestro intento fallido por disfrutar del Caribe, como por el efecto que produjeron en nuestros paladares las dos botellas de Fernet Branca que decidimos llevarnos de los Duty Free por 89 Bolívares cada una (¡realmente muy barato! ).

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Publicidad engañosa en la Isla Margarita 😀

A pesar de todo, no perdíamos las esperanzas de encontrar lo que estábamos buscando. Habíamos visto fotos del Parque Nacional Morrocoy, y parecía que ese sería el lugar dónde nos encontraríamos con nuestro imaginario de Caribe. Volvimos en el confortable Conferry y nos tomamos un bus a Chichiriviche, punto de partida para visitar los cayos del Parque Nacional. Nos quedamos en la casa de una familia Caraqueña que rentaba todas las habitaciones que tenía. Acompañamos al hijo mayor a comprar al puerto.

“Es época de Lebranche”- Nos dijo con una sonrisa de oreja a oreja

“Ahhh”-Dijimos los dos sin tener idea de qué estaba hablando.

Cuando llegamos a la pescadería lo entendimos: Lebranche, dos kilos, sin cabeza y cortado en rodajas. Volvimos con él y nos preparamos para visitar nuestro primer Cayo. Cayo Sal era uno de los que se encontraba más cerca de tierra firme, y para empezar nos dijeron que no estaba nada mal. Nos acompañaba una pareja mayor de Mérida, que andaba por ahí de vacaciones.

Después de un viaje cortísimo en lancha, bajamos los cuatro y Vero y yo no podíamos creer lo que teníamos en frente nuestro: Mar turquesa, absolutamente nada de olas, arena blanquísima, palmeras por todos lados y casi nadie en el paradisíaco Cayo Sal. ¡Venezuela se había guardado lo mejor para el final!

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Cayo Sal4

Cayo Sal5

Nos quedamos un rato admirando el mar, viendo pececitos de colores nadando alrededor nuestro y juntando agua con las manos para estar seguros de que lo que estábamos viendo, tocando y sintiendo era realmente real (valga la intencional redundancia).

La pareja de venezolanos se dio cuenta de nuestra alegría y admiración por el hermoso paisaje y nos dijo: “Parece de mentira, ¿cierto?”. Solo alcanzamos a asentir con la cabeza y volver a meternos al mar de fantasía.

La pareja nos miraba desde la costa y se regodeaba con nuestro frenesí caribeño. Volvimos después de media hora de estar chapoteando en la piscina turquesa que formaba el mar a juntarnos con ellos.

Habíamos llevado jamón y queso en una heladerita que nos prestaron en el lugar donde nos estábamos quedando, y cuando nos disponíamos a comerlo, la mujer nos acercó dos bandejas con lebranche recién hecho, limón y un poco de ensalada. Fue, sin dudarlo, el mejor pescado que probamos en nuestras vidas. Se deshacía en la boca mientras el gusto a limón sobre la sabrosa textura del pescado invadía todo. En pocos segundos no dejamos rastro de tremebundo manjar.

venezolanos

Los responsables de que hayamos probado el mejor pescado del mundo!

Nuestros próximos días transcurrieron en Chichiriviche visitando cada jornada un lugar nuevo:

Cayo Sal;

Cayo Sal

Cayo Sal3

Cayo Muerto;

Cayo Muerto

Cayo Muerto2

Cayo Muerto3

el impresionante y fuera de serie Cayo Sombrero;

Cayo Sombrero

Cayo Sombrero2

Cayo Sombrero3

una visita al ya hundido Cayo Pelón (llamado así porque no tenía, antes de que el agua lo tapara, ningún árbol o palmera), el Bajo de las estrellas (minado de estrellas de mar) y la piscina;

Bajo de las estrellas

La cueva del Indio;

cueva del indio

cueva del indio2

y Playa Sur (dónde ese día se estaba filmando un comercial).

Playa Sur

Playa Sur2

Playa Sur3

Lo que esperábamos que sea una visita de un par de días se convirtió en una semana y media a puro caribe, mezclado, como no podía ser de otra manera con política (aunque solo de vez en cuando, y hablando bien bajito. Los antichavistas no se sentían seguros hablando mal de su presidente en lugares donde “no se sabe quién puede andar escuchando”).

En Morrocoy encontramos finalmente lo que estábamos buscando. El mar, la arena, la gente, todo era perfecto, todo cerraba. Pero de todos los sueños, incluso de los mejores, uno siempre se termina despertando (¿Sino cómo podríamos recordarlos?), y era hora de continuar camino. Ya nos estábamos quedando sin dinero para seguir visitando Venezuela, y con la gran frutilla del postre que resultó ser Morrocoy, comenzamos a despedirnos de los paraísos, de las virtudes y defectos de este hermoso y controversial país. La última noche en Chichiriviche la pasamos a Lebranche, Solera verde, y discusiones políticas a media voz. Una brisa nocturna nos abrazó casi tan fuerte como la familia que nos hospedó en su posada, y nos armó de valor para continuar y dejar atrás lo que desde Buenos Aires habíamos comenzado a soñar. Esa noche, en Chichiriviche nos tocó, una vez más, despertar. A seguir andando.

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12 Respuestas a “Sueños de Mar”

  1. Excelente descripción! Nosotros estuvimos tres días instalados en el Cayo Sombrero con la carpa, fue una de las mejores experiencias del viaje! A Margarita ni fuimos, aunque nos tentaba el precio del fernet 😉
    Saludos!

    • Marcos dice:

      Nosotros queríamos hacer lo mismo…conocimos unos chicos que estaban quedándose en Sombrero en carpa y nos íbamos a quedar con ellos, pero vero al día siguiente se empezó a sentir mal y tuvimos que suspenderlo! Igual fuimos dos días seguidos a Cayo Sombrero y la pasamos genial! aunque dicen que pasar la noche ahí es una gran aventura…nos quedará pendiente para la próxima 🙂

  2. Magalí dice:

    ¡Juo! Recién hoy leo este artículo… es increíble como se van tejiendo cosas entre los artículos, las conversaciones, las lecturas, las sensaciones… creo que en este viaje yo todavía no encontré esa “última parte”, es decir, lo que yo pensaba que era… encontré la Isla margarita por todos lados: en Barcelona, en Roma, etc. etc. etc. y necesito llegar a un lugar y decir “ah, sí, al fin, era como yo lo imaginaba” ja! ¡Hermosor de fotos!

    • Marcos dice:

      Bueno ya va a suceder…en algún momento pasa! y casi siempre es cuando más lo necesitás! Gracias por darte una vuelta 🙂 Justo los dos escribimos sobre sueños y agua…casualidad o cada vez es más importante escribir sobre lo simple?

  3. Nora dice:

    Hola! recién me encuentro con vuestro blog, y los felicito por él. Me encanta la forma en que cuentan las experiencias, y por supuesto, les agradezco mucho la generosidad para compartirlas. Nosotros estamos por hacer el viaje desde Argentina a Bolivia, Peru, Ecuador, Colombia y Venezuela en camioneta y casa rodante. La pregunta es: tendremos lugares seguros donde dejar chata y c.rodante para realizar estos paseos a los cayos e islas? Y en general, qué desventaja tendría en este sentido realizar todo este derrotero con chata y cr? Desde ya, muchas gracias por tu opinión! Saludos!

    • Marcos dice:

      Nora, muchas gracias por tu mensaje!! La verdad no conozco mucho del tema, solo de oído por otros viajeros que andaban motorizados. Y buscaban siempre alguna estación de servicio, o algún hostel que les deje estacionar el auto, etc.
      Desventaja no sé…en Venezuela con lo barata que está la nafta van a ahorrar muchísimo!! Te recomiendo el blog de los chicos de kombirutera, que de cada país que visitaron detallan todo lo que necesitás para cruzar el auto de un lugar a otro. Estuvieron en todos los países que mencionás menos (creo) Venezuela.
      Muchísima suerte!!!

  4. Gaby dice:

    Morrocoy es lo máximo!! Los turistas siempre insisten en Margarita, en una época fue mejor, pero para mi Morrocoy es lo mejor. Cuando amigos van a visitarme siempre guardó ese paseo para el final, es como un paraíso :3

  5. Claudio dice:

    Buen día, leí todo atentamente y es de mucho valor, quisiera preguntar si alguien sabe como llegar a isla de la tortuga, es el primer lugar donde quisiera pasar 3 días y luego salir a chichiriviche, agradecería alguna respuesta y precios a la equivalencia en pesos argentinos de todo lo que puedan informar, (comida, transporte etc). Muchísimas gracias.

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  1. […] de escribir sobre el mar. Que todos sus artículos eran sobre el mar (lo cual podríamos constatar acá, acá y acá), y esto era porque ama el mar, y además, lo extraña. Y yo puedo decir que mi leit […]

  2. […] del transporte terrestre, en el marítimo sucede algo similar. Viajar a la Isla Margarita, por ejemplo, se puede hacer a través de la expropiada conferry, que se ha vuelto propiedad del […]

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