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Playa Blanca, un diálogo, ustedes y yo

Atardecer Playa Blanca

Nunca supe cómo empezar esto. Nunca supe cómo empezar a hablar de esto. De Cartagena, de Barú, de Playa Blanca…de todo, digamos. Veo mis anotaciones de cuando estuve por allá, y hay fechas, comentarios tachados o escritos encima, precios, números de teléfono, un asterisco del asterisco del asterisco. Así fue, y así sigue siendo. Un enjambre de avispas letradas que brota del papel y construye un panal en el hemisferio izquierdo de mí cerebro. Y ahí las tengo, zumbando. A ver que sale.

Y algo que rescaté de ahí fue un diálogo. Uno gracioso. Uno extraño. Voy a dejar que este post sea 90% diálogo, 5% yo y 5% ustedes. Sí, hoy necesito feedback, que me ayuden a dilucidar qué pasó en ese diálogo. Porque Barú, Playa Blanca y Cartagena fueron así. Revoltosas, desprolijas, incoherentes. Y así siguen siendo. Y así va a ser esto, ¡quedan avisados!

Pisco la bebida y Pisco la ciudad

Nuestro segundo día en Pisco nos encontró levantándonos tempranísimo porque a las 7.15 a.m. nos pasaban a buscar para ir a conocer las Islas Ballestas. Contratamos un tour, porque no quedó otra opción.  La excursión estaba bien, pero nos pareció sobrevaluada.

El Titicaca según Perú

Nuestro segundo día en Puno, al borde del lago Titicaca en Perú (en realidad el primero porque llegamos el día anterior a la noche) fue tranquilo. Nos levantamos pensando que íbamos a hacer, y la mejor opción fue preguntarle al encargado del hostel. Teníamos pensado ir a una zona de construcciones funerarias que quedaban relativamente cerca. Existen dos yacimientos por ahí, Sillustiani y Cutimbo, que están a 40 y 20 km, respectivamente. Decidimos ir al que estaba más cerca, pero el encargado del hostel, amablemente se ocupó de pincharnos el globo.

Anécdotas de Copacabana

El viaje a Copacabana desde La Paz, para variar, se nos hizo largo. Confiados en que no demoraríamos más de tres horas en llegar, salimos tarde, y fue un grave error. Tomamos un bus cerca del cementerio para ir a las orillas del Lago Titicaca. Yo, y mis problemas para respirar en la altura pedíamos por favor que nos toque un asiento donde la ventanilla se pueda abrir. Me senté y probé mi suerte. Nula, la ventanilla no abría. Vero se apiadó de mí y le pidió a un chico si podía cambiarnos de lugar.

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