Archivos por tag: mar

Playa Blanca, un diálogo, ustedes y yo

Atardecer Playa Blanca

Nunca supe cómo empezar esto. Nunca supe cómo empezar a hablar de esto. De Cartagena, de Barú, de Playa Blanca…de todo, digamos. Veo mis anotaciones de cuando estuve por allá, y hay fechas, comentarios tachados o escritos encima, precios, números de teléfono, un asterisco del asterisco del asterisco. Así fue, y así sigue siendo. Un enjambre de avispas letradas que brota del papel y construye un panal en el hemisferio izquierdo de mí cerebro. Y ahí las tengo, zumbando. A ver que sale.

Y algo que rescaté de ahí fue un diálogo. Uno gracioso. Uno extraño. Voy a dejar que este post sea 90% diálogo, 5% yo y 5% ustedes. Sí, hoy necesito feedback, que me ayuden a dilucidar qué pasó en ese diálogo. Porque Barú, Playa Blanca y Cartagena fueron así. Revoltosas, desprolijas, incoherentes. Y así siguen siendo. Y así va a ser esto, ¡quedan avisados!

Historias de Mochima

“Mieux vaut ne penser à rien,
Que ne pas penser du tout.
Rien c’est déjà
Rien c’est déjà beaucoup.
On se souvient de rien
Et puisqu’on oublie tout.
Rien c’est bien mieux
Rien c’est bien mieux que tout.”

Serge Gainsbourg.

No, no es un error de tipeo, este post no se trata sobre historias de mochila (que son muchas). O mejor dicho, sí se trata de eso (¡¿sino de que otra cosa hablaríamos en este blog?!). Solo que en este caso son historias de mochila en Mochima, Parque Nacional de varias islas encalladas en el Caribe venezolano.

Con el carnaval ya en el pasado, llegamos a Mochima sin la menor idea de dónde ir y dónde alojarnos. Habíamos perdido (en realidad Vero había perdido, voy a depositar toda la responsabilidad en ella) nuestra guía de viajes, lo que por un lado nos desconcertaba (sobre todo por los mapas que contenía, que nos eran de gran utilidad) y por el otro nos liberaba. Andar sin guía de viajes a veces vuelve todo más improvisado, más divertido, y más auténtico. Si antes los planes cambiaban cada día, a partir de la falta de indicaciones en papel, ahora lo hacían a cada hora, a cada minuto. Nuestro viaje se había vuelto un remolino, y nosotros aprovechábamos para arrasar con todo y absorber lo máximo de cada experiencia.

Empacho de Caribe

“Modelo uno rotate, modelo dos rotate, modelo tres rotate, luceté, ahora eee…”- Daddy Yankee

“Por ti me he vuelto un poeta, hago rimas en mi vieja libreta, miro al cielo esperando un cometa”- Chino y Nacho

“Calienta y pega ma, pega, ma , pega ma, calienta y pega ma” – Wisin y Yandel

Situación: llegada a Maracay tempranísimo, subida a los golpes para tomar un bus a Choroní en el auge del carnaval, un promedio de dos borrachos cada tres pasajeros arriba del transporte, nuestras mochilas en el pasillo porque no había maletero y música de algunos de los autores contemporáneos que acabo de citar más arriba a todo volúmen.

Si bien sospechábamos que a los venezolanos les gustaba el reggaetón, en ese viaje a Choroní no solo confirmamos nuestra sospecha, sino que le agregamos un adjetivo a la afirmación: a los venezolanos les gusta el reggaetón FUERTE. Bien fuerte.

La costa peruana (o ¡déjenme decir que no!).

Una vez que dejamos Huaraz atrás el siguiente destino nos esperaba: Trujillo. Luego de otro largo viaje en bus, llegamos a esta ciudad de la que sabíamos poco y nada. Estuvimos pensando camino al lugar si valía la pena ir a la ciudad o directamente a Huanchaco, pueblo costero a veinte kilómetros de Trujillo. Finalmente, concluimos que la ciudad tenía su encanto, y que es más fácil acceder desde ahí a los distintos complejos arqueológicos que hay en la zona, así que dijimos “Una noche, ¿Por qué no?”.

A %d blogueros les gusta esto: