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Cuando Mérida se viste de carnaval

Hay noches que son realmente oscuras. Como esas noches sin luna donde poco se ve, esas noches donde el aire parece opaco, esas noches donde la frase “boca de lobo” revolotea en ese aire, o se queda en la punta de la lengua. Una noche de esas nosotros llegamos a la terminal de Mérida.  Eso es más de lo que puedo decir sobre nuestra ubicación, porque de lo que estaba fuera de esa terminal, yo desconocía absolutamente todo. No sabía si estábamos lejos o cerca de la casa de nuestro host de couchsurfing, y no teníamos teléfono para llamarlo.

La terminal de hecho se encontraba cerrada, habíamos llegado tan tarde de nuestro viaje de terror, que el “simpático” conductor del bus nos depositó en la puerta, bajó los equipajes, y se fue campante. Los venezolanos que viajaban con nosotros (lo que equivale a todos los pasajeros, ya que el recuento de extranjeros, exceptuándonos, era igual a cero) se apresuraron a tomar los taxis que estaban esperando. Sin tener muy en claro qué hacer, esperamos que aparezca alguien que nos quiera prestar un teléfono para pedir ayuda o un taxi. O El Chapulín Colorado, quién sabe, en una de esas…

Sierra y selva ecuatoriana

Viajamos a media tarde, y llegamos de noche. Nos quedamos en un hospedaje de una señora bastante particular, una especie de mamá que se preocupaba por todos sus huéspedes, les daba comida para probar y hasta consejos sobre enfermedades, pero al mismo tiempo vendía tours y excursiones como la mejor operadora turística.

No tuvimos tiempo ni de llegar, que la señora ya nos ofreció un tour nocturno. Y aceptamos. Consistía en un paseo en “Chiva”, una especie de colectivo, pero sin puertas, ni ventanas, todo al aire libre. Como esos camiones que transportan ganado, pero con asientos, luces de colores y música a todo volumen. Estaba un poco fresco el asunto, así que viajar a la intemperie no fue tan divertido. Y en el mirador el viento tampoco ayudaba a mantener una temperatura corporal adecuada.

Las mil y una iglesias en Cuenca

Camino a la ciudad en el bus, venía anotando lugares donde quedarnos, ya que llegaríamos a Cuenca de noche, y andar por ahí con las mochilas en la oscuridad de una ciudad que no conocía, sinceramente no me emocionaba mucho. Como me estoy dando cuenta que sucede siempre en estos viajes, las situaciones cambian constantemente, así que toda mi búsqueda de hospedaje, fue, como decirlo, una pérdida de tiempo.

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