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Relatos en cuarta persona

A eso de las doce del mediodía, a él se le había ocurrido la brillante idea de salir a comprar hielo para preparar un licuado de maracuyá. Era ciertamente una gran idea. Los 35 grados centígrados y el sol que tanto amaba oprimían los pasos, los segundos y los minutos. No tanto las horas, que se volvían más soportables a medida que la aguja más chica del reloj cambiaba de número.

En las  calles de la ciudad, poca gente se animaba a enfrentar en desnuda batalla al rayo del sol. Paraguas, trapos encima de la cabeza, cambios repentinos de vereda en beneficio de la sombra…todo valía.

Él, tal vez intentando amigarse con la naturaleza, o tal vez queriendo llegar lo más rápido posible para que el hielo no se derrita, corría con la bolsa por el medio de la calle. Las gotas caían igual, y era posible ver como se evaporaban en el instante que tocaban el asfalto adoquinado. Sólido, líquido y gaseoso, todo en cuestión de segundos.

El calor emanaba del piso, de las paredes y de los cuerpos. De los perros echados en portales y de los hombres sentados en cuero en sillas de plástico. Él solo podía pensar en ir al hostel, ponerse bajo el ventilador (o abanico, como le dicen por ahí) y recuperar fuerzas.

Ni las prostitutas tenían ganas de pavonearse por ahí frente a los turistas que paseaban. No, hacía demasiado calor para eso.

Datos útiles para viajar a Venezuela

Buenas buenas!! ¿Andás con ganas de empacharte de Caribe¿De ver y sentir la revolución Bolivariana? ¿De comer arepas a más no poder? ¡No desespereis! Acá les dejamos una pequeña guía sobre qué hacer, qué ver, qué comer y qué visitar, consejos y datos útiles sobre la “figurita difícil” para todos los mochileros de paso por latinoamérica. Intentaremos cubrir la mayor cantidad de datos posibles, aclarando que no hemos visitado muchas de las atracciones principales de Venezuela (Como el Roraima, el Salto del Ángel, o Caracas), pero queriendo dejarles ayudas que pueden aplicarse en lugares particulares, o incluso en todo el país…a animarse, ¡que Venezuela tiene mucho para mostrar!

Playa Blanca, un diálogo, ustedes y yo

Atardecer Playa Blanca

Nunca supe cómo empezar esto. Nunca supe cómo empezar a hablar de esto. De Cartagena, de Barú, de Playa Blanca…de todo, digamos. Veo mis anotaciones de cuando estuve por allá, y hay fechas, comentarios tachados o escritos encima, precios, números de teléfono, un asterisco del asterisco del asterisco. Así fue, y así sigue siendo. Un enjambre de avispas letradas que brota del papel y construye un panal en el hemisferio izquierdo de mí cerebro. Y ahí las tengo, zumbando. A ver que sale.

Y algo que rescaté de ahí fue un diálogo. Uno gracioso. Uno extraño. Voy a dejar que este post sea 90% diálogo, 5% yo y 5% ustedes. Sí, hoy necesito feedback, que me ayuden a dilucidar qué pasó en ese diálogo. Porque Barú, Playa Blanca y Cartagena fueron así. Revoltosas, desprolijas, incoherentes. Y así siguen siendo. Y así va a ser esto, ¡quedan avisados!

La revelación de Tayrona

Tayrona

Gritos, autos, motos, puestos, comida, color, olor, humos, ruidos, saludos, bailes, música, pobreza, gritos, autos, mendigos, caos: ciudad. Ciudad colombiana. Ciudad colombiana costeña. Santa Marta.

-¿A qué vinimos acá, Vero?

-No sé, en algún lado teníamos que parar, para ir a Tayrona.

-¿Y Taganga?

-Vamos después, cuando nos contesten de Couchsurfing.

Salir de la mismísima nada de Cabo de la Vela, al mismísimo todo de Santa Marta se siente cómo un golpe duro en la cabeza. De esos que te borran algunas ideas. Que te dejan medio tonto. Tanto como para hacerte olvidar por qué se te había ocurrido ir ahí en primer lugar.

Colombia de los Vientos

¿Cuántas veces te pensaste a vos mismo viajando hasta el fin del mundo? ¿Cuántas veces soñaste con irte lo más alejado posible de toda civilización, a páramos solitarios, desnudos, con poco o nada de gente? ¿Cómo te imaginaste esos lugares? ¿Cómo eran? ¿Qué colores tenían? ¿Cuáles eran los sonidos que se escuchaban? ¿Se escuchaba algún sonido?

Coro, en Sol Mayor

Salimos de Chichiriviche sabiendo que estábamos en la recta final de nuestro recorrido por Venezuela. Solo haríamos una parada más, y luego, nuevamente a Colombia (país que, aún hoy, todavía extrañamos).

El camino fue fácil, corto y tranquilo. Todo un lujo. Llegamos a Coro con gusto a sal y recuerdos de lebranche. Mi cámara de fotos dijo basta la enésima vez que la mojé yendo a uno de los cayos del Parque Nacional Morrocoy, y yo ya no tenía ni tiempo ni bolívares para arreglarla (por eso intentaremos suplantar la calidad por la cantidad en este post, con varias fotos sacadas con el celular –sepan disculpar-). Tendría que esperar a nuestro regreso al país vecino.

Sueños de Mar

Hay algo que le debo eternamente a Venezuela, y eso es mi renovado amor por el mar. Habíamos dicho que en este país había sucedido nuestro primer encuentro con el Caribe, algo que estábamos esperando desde que nos calzamos la mochila por primera vez.

Y hay algo que le tengo que reprochar a Venezuela, y eso es mi nueva adicción al mar. Llegó un momento en el que no quería ir a ningún destino que no sea costero. Y así es que de Choroní, pasamos a Mochima, y de allí fuimos a Playa Colorada, a La Isla Margarita, y al Parque Nacional Morrocoy.

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