Veo Veo: Aromas de algún día

aromas

Se dio un día que decidimos volver a Buenos Aires. Un día complicado fue ese. Un día de esos donde suceden muchas cosas, donde se toman decisiones, donde los caminos se bifurcan. Y un mes después de ese día, regresamos (¿a dónde? ¿de dónde nos habíamos ido?).

Regresaron muchas cosas con nosotros. Muchos aromas, sobre todo. Cosas que yo me había olvidado (o al menos, eso creía) cómo olían. Un asado entre amigos, por ejemplo. Y no hablo solamente del olor del asado, sino del olor al mantel que se pone en la mesa familiar, de la lechuga y el tomate recién cortados, de las maderas de cajones que se usan para prender el carbón y de los vinos descorchados.

Tantas son las cosas que volví a oler, que me invadió un sentimiento de euforia, amor y nostalgia por lo que tenía ahora, y lo que había dejado atrás. Había olvidado el olor de mí mamá cuando se acerca a darme un beso, de las cajas donde guardaba mis CDs, el olor a nene de mi ahijado ¡qué mal!

A partir de ahí, todo fue redescubrir. El olor de las verdulerías los sábados a la mañana, el del auto nuevo de mi papá, el del picaporte de la puerta pesada de madera de la casa de mi abuela, el olor de la piel de la perra de casa que ya no se acordaba muy bien de mí, pero hacía como que sí, como que nunca me fui. Y más, el olor de los jazmines blancos del jardín…(hagan caso, si van a volver, vuelvan en primavera).

Llegó un día (otro día complicado) en el que todo eso dejó de ser importante. Un día de esos donde la “Luna de Miel” se termina y es necesario (¿es necesario?) incorporarse a la vida cotidiana del lugar. Y ese día, todo cambió.

Y hoy, y ayer, y ya mañana Buenos Aires dejó de tener sentido. Me empezó a golpear, me zamarrea, me lastima. Los aromas que sentía hasta hace unos meses (repito, aromas no nuevos, sino redescubiertos), se volvieron secos, insonoros, asépticos.

Huelo que disfruto muchas cosas que hoy, entre el transporte público, las horas interminables de trabajo sentado dentro de un edificio de naipes y la noche que llegando el invierno se come (cada vez más) vorazmente al día, no las siento, no las tengo.

Bañarme a la mañana, cuando el sol entra por la ventana y completa de formas las nubes de vapor con sus rayos, y no tener necesidad de encender la luz eléctrica, me llena. Y eso es un lujo que no siempre me puedo dar. La luz del sol está ahí, siempre encendida, esperando a que la condensación empiece a jugar y me lleve a otro mundo, a uno feliz. Y huelo el olor a limpio, a shampoo entre los dedos y los cabellos y las manos…y huelo la felicidad que invade las fosas nasales.

Porque a pesar de este sube y baja en el que estoy, yo sé que la felicidad se puede oler ¿vos lo sabías? Llorar de felicidad a través de un aroma me ha pasado más de una vez. Escuchar una canción que me recuerde a un aroma lejano, uno de México, me hace lagrimear. Oídos, nariz, ojos, todo se conecta.

Acá los sentidos de repente y sin avisar, se me apagaron. Necesito rememorar aromas de otros lugares para sentirme vivo. Cada vez me cuesta más todo, necesito mover los pies, desenraizarme. Transplantarme. Volverme planta acuática para fluir mejor, tal vez.

Buenos Aires me huele a ceniza. De esa que sofoca, que no permite oler otras cosas más que a ella. Monopólica. Todo tiene ese halo gris. El sol no aparece en las ciudades, y yo, suspiro. Es que lo necesito tanto. Todos los edificios forman una especie de patio interno, idéntico al del departamento donde hoy vivo (ya sin jazmines, ya sin jardín), en el cual el sol solo aparece en las horas altas del día. Nada de atardeceres y amaneceres para mí. Tampoco para cualquiera que viva en esta ciudad.

¿A qué neurona retorcida se le ocurrió este estilo de vida? Sin naranjas, sin rosas, sin cielos límpidos. Sin aromas de hojas de castaño mojadas por la lluvia del otoño. ¿Cuándo dejamos de olernos las manos enrojecidas por el frío del invierno después de correr como locos por los parques, caernos y llenárnoslas de barro? ¿Cuándo pasó? ¿Cuándo dejamos de extrañar el olor a bicicleta? (Vamos, estoy seguro de que ustedes saben cómo huele una bicicleta).

Sueño que un día las cosas no serán más así. Que los edificios caerán, uno por uno, y el rojo del sol del amanecer me mojará los párpados. Y habrá ceniza, pero con olor a fuego, que renovará todo y que se mezclará con el olor de las cafeterías, de las panaderías a las 5 a.m., de los recitales de rock a cielo abierto, del empalago de los perfumes de las señoras bien de Palermo, y  también con el aroma de las sábanas de mi cama, y el halo de olor hogareño del hombro de Vero. Así, el tufo que me impide abrir mi nariz, desaparecerá al final.

Es que este no ya no es el/mi lugar, y también lo sé. Y no es culpa de nadie. Hemos cambiado mucho Buenos Aires y yo. Ya no nos pertenecemos. Ya no disfrutamos de los mismos aromas. Nos comenzamos a anular mutuamente. Nos queremos, sí, pero llegamos a diferencias irreconciliables. Tal vez sea mejor ser “solo amigos”, para vernos desde otra óptica y olernos desde otras distancias. Con otros tiempos (Hay distintos tiempos para oler, ¿Cómo? ¿Tampoco lo sabías?).

Es necesario en este momento del Universo movernos, ir hacia otro lado. O andar simplemente en círculos, da igual. Descubrir aromas, incluso por dónde ya estuvimos. Traer olores que traigan imágenes que traigan lágrimas. Lo sé porque antes era muy fácil. Y ahora se me enredan los aromas, se mezclan, se suman y se juntan en uno solo, un aroma sin aroma, una combinación de colores que dan como resultado uno que no existe, que es todo los aromas y a la vez es ninguno. Ceniza.

una avenida ancha

Tal vez en las avenidas anchas…

olor de atardecer

…logremos oler el atardecer.

Me desperezo y la veo a Vero despertarse, es domingo, y son estos días donde los aromas vuelven a la vida. Hablamos, nos miramos, prestamos atención con la nariz. No se huele nada. Hablamos de Nueva Zelanda y nos preguntamos cuales serán esos aromas que están tan lejanos. Ella se levanta y un rato después, regresa. El olor a yerba mate recién sacada de su empaque y el agua caliente que lleva su aroma al aire (como lo sabe hacer el sol en la ducha de la mañana), me impregnan. Huelo también las galletitas.

Probablemente el lunes pierda el sentido del olfato otra vez. Sin embargo, descorazonadamente, hoy eso tampoco…no, no me importa. Sentir las cosas por contraste me hace bien. Descubro gracias a los lunes que tengo que correr hacia algún lugar, no importa cuál, no importa si vuelvo al principio. Lo necesario es sincerarse, mostrarse a la verdad de los aromas y decirse sin miedo ¡Necesito tu nuevo color!

Hoy surgió la revelación aromática. A los olores, cómo a todas las cosas, hay que darles tiempo. Creo que Buenos Aires y yo, algún día, uno de esos días complicados, lo lograremos.

¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

 

Si te gustó, también podés leer:

28 Respuestas a “Veo Veo: Aromas de algún día”

  1. Marina dice:

    ¿Te diste cuenta de que creaste otra Buenos Aires? Siempre que me hablaron de ella me pareció radiante, enorme, feliz, ingrávida, pero tú la hiciste humana, precisamente porque no todo ha de ser lindo a un tiempo. Creo que el próximo desafío lo tenemos que hacer sobre “tu ciudad”, para que nos demos cuenta de cuán caleidoscópico puede ser un mismo lugar, y cuán caleidoscópicos podemos ser nosotros también según el día.

    Me gustó tu Buenos Aires. ¿Sabes qué? Cuando te marches, echarás de menos esa tristeza también. Dale un aroma, para cuando regreses saber que fue real!

    Un abrazo! Postea más a menudo! 🙂

    • Marcos dice:

      Marina,
      Seguramente sea todas las cosas que te han parecido, lo que pasa es que el ojo del visitante es muy distinto al ojo del local. Y eso es lo que creo que pasa, las ciudades se conocen distintas…me imagino visitando el cliché de París, y sé que muchos parisinos odian esa ciudad…y yo seguramente me vuelva enamorado. Pero así son las cosas, las de querer lo que no se tiene.
      Muchas gracias por los dos consejos. Sé que Buenos Aires tiene aromas, pero hasta que no defina el estatus de relación con ella, va a ser difícil apreciarlos 🙂
      E intentaré postear más seguido…es algo que no quiero postergar más!
      Un abrazo para vos también 🙂 y gracias por darte una vuelta.

  2. Me ha encantado tu relato, precioso, intenso. Me has transportado a una ciudad que todavía no conozco y que espero conocer en una sucesión de sábados y domingos para que así mi olfato la disfrute. 🙂 Espero que puedas amigarte otra vez con ella, que un día renazca la pasión. A veces creo que no es cupla de ellas (las ciudades) sino de la rutina (ella es la que nos deja los sentidos adormecidos).

    un saludo,
    Sonia.

    • Marcos dice:

      Gracias Sonia!
      Sí, seguramente es la rutina. Pero me cuesta concebir la vida cotidiana en la ciudad sin la rutina. Por eso pienso que es cuestión de “olerse” desde otras distancias, hacer que la ciudad no sea mi rutina…ahí todo va a ser colores, me imagino!
      Todas estas son teorías, y tal vez esté hablando pavadas, pero es lo que veo como problema y solución. Así que para mí será prueba y error 😀

  3. Nair dice:

    Como dice Soda Stereo, Buenos Aires es la ciudad de la furia pero también se ve tan susceptible… Es una relación de amor-odio. Todos vivimos en una Buenos Aires propia que, en los días buenos, a mí me encanta. Y en los días malos… en esos días prefiero pensar en viajes.

  4. Magalí dice:

    ¡AuuuuuU! ¡Qué precioso veo veo Marks! Me llevaste de la mano por un día normal, de esos que yo también tenía, en que me iba a la facu de agronomía a estudiar, sólo porque allí hay árboles, pastito, sol… Yo también me fui de Buenos Aires porque necesitaba el sol, y una nueva forma de sentir los aromas, ¿sabías?

    • Marcos dice:

      No, no sabía 😀 pero es lindo encontrar coincidencias (sincronizar en términos de Marina?) con otros, identificarse. Saber que uno no está (tan) chiflado! o que al menos hay por ahí algunos que entienden de la chifladez!
      Por eso el título, porque son aromas de algún día, que son todos, y que puede que hasta que no vea las cosas con otro cristal, no sea ninguno 🙂

  5. Angie dice:

    Ay ay ay qué cantidad de cosas que me hiciste sentir. Estoy en una etapa en que extraño Buenos Aires pero en la que tengo miedo de volver porque sé que cambié muchísimo desde que me fui (hace 13 meses) y sé que no va a ser lo mismo. Nuestra relación no puede ser igual. Y los olores y situaciones que describiste me hicieron acordar mi último tiempo allá, cuando no soportaba más los edificios. Y la nostalgia que me salió al leer lo de los asados, eso sí lo extraño. Extraño el olor de juntada familiar.

    QUE LINDOOO TODOOOO, me hiciste lagrimear un poquito pero no importa, fue muy lindo. Gracias Marcos 🙂

    • Marcos dice:

      Es todo muy complicado, pero creo que también se puede hacer simple. Nunca es fácil volver, como tampoco es fácil extrañar…en esos casos creo que está bueno pensar (o sentir) qué es lo que realmente uno quiere hacer, y jugársela por eso. Buenos Aires siempre va a estar ahí, tiempo para volver vas a tener de sobra. Es cuestión de reconciliarse con uno mismo y no echar la culpa a la ciudad, como hago yo! jajaja
      Quién te dice, capaz nos encontremos por allá! Qué querés que te lleve? Media res? o un pedazo del Kavanagh? 😀

  6. Qué bien lo has descrito! Creo que todos tenemos esos sentimientos encontrados sobre nuestra ciudad en algún momento, pero Buenos Aires es una ciudad realmente especial, capaz de producir amor-odio al mismo tiempo. Viví un año en ella y la amé, pero también llegué a sentir algunas de las cosas que describes y me marché convencida de querer volver,pero más convencida aún de que no podría asentarme en esa ciudad.
    Me ha encantado qué hables de los jazmines, porque cuando me senté a escribir este Veo veo mi primera intención fue hablar de cómo el olor a jazmín me transportaba a Buenos Aires, a mi casita del Abasto. Me he llenado de recuerdo con tu escritura 🙂

    • Marcos dice:

      Binha, gracias! Qué bien saber que a alguien le ha traído recuerdos, o mejor dicho, que alguien asocia a Buenos Aires con las mismas cosas que yo…lo hace sentir a uno no-tan-chiflado, jaja
      Nunca viví en otro lugar que no sea Buenos Aires, no al menos mucho tiempo…por ahí cuando me toque comparar me sucedan otras cosas 🙂

  7. Me gusta leer post como el tuyo. Porque no todo tiene que ser siempre precioso, me has enganchado al texto como hacía ya tiempo que no me enganchaba con otra lectura, sientiendo tus emociones en tus palabras.

  8. Seba dice:

    Me encantó. Me encantó el giro de subjetivar los olores, de convertir a BA en una mujer, de enojarte con cariño. Sí, definitivamente, el VeoVeo puede ser liberador, generador de una vueltita más, no sé. Buenísimo haberte conocido y leído! Es muy estimulante
    Abrazo desde la misma BA

    Seba

    • Marcos dice:

      Gracias che!
      Buenos Aires tiene todo para pensarla como mujer, no creés?
      Y qué bien que este juego genere vueltas de rosca y libere…es más de lo que podría haber pedido…
      Abrazo grande.

  9. Qué identificada me sentí con eso de volver a una ciudad, a tu ciudad, y llenarte de esos aromas de siempre, de reencontrarse con ellos como hacía rato no pasaba, y que seguramente habíamos olvidado

    • Marcos dice:

      Sí, es que los aromas traen montones de recuerdos, y volver a oler uno solo te devuelve muchísimas cosas que sentías que habías olvidado. Es una linda sensación, como para ir olvidando aromas por ahí para después recordarlos apropósito 😀

  10. Que buena versión de Buenos Aires! Buenisimo el post Marcos. Abrazo

  11. joe dice:

    acabas de leerte esto y te dan ganas de coger el primer vuelo a buenos aires… muy bueno!

  12. **Lau** dice:

    Me encantó este relato. La forma en que está escrito me hizo sentir que me lo estabas narrando. Y me sentí muy identificada. Buenos Aires me come, dije una vez, y empecé a escribir sobre eso. Tu post encaja perfecto con eso que una vez sentí. Lo comparto.

Trackbacks/Pingbacks

  1. […] ¡Tenés un montón de veo veos para leer! Fueron todos hermosos: Me fui a la goma, Mi carnívoro y yo, Cruzar la puerta, Por las rutas del mundo, Outteresting, La mochila de mamá, […]

  2. […] jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves? * ¿Quieres leer más? ¡Tienes un montón de Veo Veos para leer! Me fui a la goma, Mi carnívoro y yo, Cruzar la puerta, Por las rutas del […]

  3. […] ¿Quieres leer más? Aquí tienes otros #veoveo: Me fui a la goma, Mi carnívoro y yo, Cruzar la puerta, Por las rutas del mundo, Outteresting, La mochila de mamá, […]

  4. […] leer más? ¡Tenés un montón de veo veos para leer! No te los pierdas: Caminomundos, Me fui a la goma, Mi carnívoro y yo, Cruzar la puerta, Por las rutas del mundo, Outteresting, La mochila de mamá, […]

  5. […] ¿Querés leer más? ¡Tenés un montón de veo veos para leer! Fueron todos hermosos: Me fui a la goma, Mi carnívoro y yo, Cruzar la puerta, Outteresting, La mochila de mamá, Aldana Chiodi, Marcando […]

¿Comentarios? ¿Preguntas? ¿Respuestas? Acá es donde!:

A %d blogueros les gusta esto: