Veo Veo: mi calle de tierra

Más de 25 años viví en el mismo lugar. En términos de períodos de gestión gubernamental, 10 presidentes pasaron (teniendo en cuenta los cinco que gobernaron en la crisis del 2001) desde que nací hasta que me mudé del que hoy todavía considero mi hogar.

Mi hogar es hermoso (¿quién podría decir lo contrario de su hogar?): tiene robles, cipreses, pasto para sentarse y oler, flores de todos los colores imaginables, benteveos, pájaros carpinteros, abuelas, perros juguetones, gatos orgullosos, una pileta enorme para resguardarse del calor, y una salamandra a leña para resguardarse del frío.

Y la calle de mi hogar es de tierra. Siempre lo fue, y siempre me gustó que lo fuera. El tráfico y el hollín prefieren el asfalto, y yo prefiero el silencio y el aire puro. Así que con la calle de tierra nos llevamos bien.

perros

Mi Hogar, con perros que no se cansan de ir a buscar la pelota…

gatos

…y gatos orgullosos que de vez en cuando se dejan fotografiar.

¿Qué hay del progreso entonces? ¿De la promesa de los intendentes de turno de convertir la tierra en asfalto? No sé, realmente no lo sé. ¿Qué es el progreso? Epa, cuesta saberlo ¿no? Desde que empecé a entender los “beneficios” de tener una calle asfaltada comencé a preguntarles a mis papás “¿Y cuándo nos van a asfaltar la calle? Todas las calles de alrededor tienen asfalto, ¿Por qué la nuestra no?” Nunca había una respuesta concreta. A veces alguien había escuchado que esta vez, este intendente iba a hacer el asfalto. Otras personas decían que habían visto el proyecto en la municipalidad y en cualquier momento salía.

25 años.

Pasó el tiempo, y la calle estuvo siempre igual. Aprendí a caminar, después a correr, crecí, me crecieron pelos, fui a la secundaria, aprendí a besar, después fui a la universidad, me crecieron canas, me enamoré, me volví jefe, me fui de viaje, volví, me mudé, me cambié de trabajo por enésima vez… y la calle, siempre igual.

¿Qué me queda esperar entonces del destino de una Nación, si en tanto tiempo los que nos gobiernan, los políticos que inundan los medios cuando hay elecciones y expulsan con una sonrisa bailando en la boca palabras que a todos los oídos suenan huecas y superfluas, no pueden ni siquiera con la promesa frente a una calle de tierra?

Nadie me malinterprete. No me estoy quejando, simplemente estoy observando. Pensando, reflexionando. No faltará la neurona o un ventrículo que me diga “Si tanto te molesta, hacé algo, no te quedes en tu casa quejándote por Facebook”. Y neurona-ventrículo, tenés razón. Pero pensarlo, amasarlo, darle vueltas en la mandíbula al asunto, es parte de hacer algo.

Yo reflexiono, y siempre termino en la maldita y desagradable conclusión de que todo esto no sirve. Que ir a votar no sirve, que elegir al nuevo gobernante de turno es elegir al nuevo ladrón de turno, que el bien común, la inclusión social, la solidaridad, son valores que se tiran desde arriba hacia abajo, se pasan de mano en mano y los que están bien bien abajo son los que los toman y hacen algo con ellos. Donan dinero, pertenencias, esfuerzos y partes de su propia alma, para ayudar a alguien más.

Los que están arriba o se olvidaron cómo hacerlo, o nunca lo hicieron, y hoy pueden brindar esa ayuda aprovechando que las donaciones son excelentes formas de lavar dinero y pagar menos impuesto a las ganancias.

“¿Y a quién vas a votar?” fue la pregunta de toda esta semana que pasó. Intenté buscar las propuestas de cada partido, su plataforma política, sus bases. Algunos no tienen ninguna, otros leyendo las dos primeras líneas y comparándolas con lo que hacen en la vida real, podríamos pensar que fueron escritas por cínicos o esquizofrénicos. Otros dan arcadas.

Lo más feo de todo, es que este gobierno y todos los anteriores no me representan. Y voy más allá y salgo de mi yo-yo, camino por mi calle de tierra y pregunto por ahí. No, nadie nunca se sintió representado.

Deseo con todos mis músculos que “el sistema” como hoy lo conocemos, la democracia que hoy tenemos, desaparezca de una vez por todas. No la quiero, no me sirve. A muchos, a millones no les sirve. Este desencantamiento, que creo fervientemente que es mundial, puede llevar a algo mejor, a perfeccionar lo que tenemos, o a comenzar de cero.

Sí, da miedo pensar que lo que tenemos hoy puede desaparecer, como a los cubanos menores de 50 años les da miedo la caída de Castro, porque no conocen otra cosa. ¿Qué es mejor y qué es peor? ¿Cómo comparar?

No hablo de política, ni de partidos políticos, ni de elecciones. Hablo de este TODO en el que estamos metidos y que nos frustra cada día más. Hablo de modificar ese TODO, hacerlo más cercano a los sentimientos y a los problemas de cada uno y comunes a la sociedad, y más lejano al poder concentrado y a la gente que mira de arriba hacia abajo y no en horizontal. De darle a la realidad un toque de solidaridad, al mismo tiempo que cada uno pelee por lo que quiere, y no por la plata y el poder que se pueda llegar a obtener (no, querer plata o querer poder no es querer algo en sí mismo).

¿Habría que eliminar el dinero? ¿Los partidos? ¿Las fronteras? No lo sé, es tan difícil ser creativo frente a los sistemas que se perpetúan a través del tiempo. Pero estaría bueno comenzar a pensarlo. Ser parte de un torbellino, uno grande, que desarme y arme con brazos de brisa veraniega lo que haya que armar y desarmar. Tal vez nosotros, nuestra generación, pueda generar al menos el primer remolino, ¿por qué no?

Quiero que todo cambie para que mi calle de tierra no cambie. No la quiero distinta, pero tampoco quiero a nadie que me prometa que la va a cambiar en pos del progreso, cuando ni siquiera puede hacerlo.

En las calles, sobran asfalto y políticos.

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¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

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23 Respuestas a “Veo Veo: mi calle de tierra”

  1. Uh, cómo te entiendo. Tengo 35 años, no sé cuántas elecciones encima pero sí sé que nunca, pero nunca, voté a ganador. Es decir, nunca sentí que gané una elección, nunca tuve esa sensación de que “este tipo que pongo en el sobre, ése que sonríe en la boleta, va a hacer de éste un mejor país”, ni por 10 minutos pude sentirlo. El otro día yendo a votar pensaba qué lindo sería poder votar alguna vez convencido, contento, esperanzado de que algo vaya a cambiar. Qué iluso!

    • Marcos dice:

      Y por qué tiene que ser así?? Estamos condenados a votar descontentos? Hay que votar? No sé, no tengo idea! Pero de estos planteos puede llegar a salir algo increíble 🙂

  2. Magali Vidoz dice:

    “Hablo de modificar ese TODO, hacerlo más cercano a los sentimientos” Eeese es mi pollo!!! Vamos marks que te presentás a las próximas elecciones 🙂 jejejejijijijiji

  3. Ana dice:

    Me siento representada por (casi todo) lo que escribís. Me parte el alma ver que todo cambie para que nada cambie.

  4. Marina dice:

    Eso eso: que la callecita se quede de tierra, de la que mancha los pies, que ya quedan pocas.
    Yo me aburrí de ver cómo las cosas no cambian por mucho que salgamos a la calle. En Madrid nos movilizamos mucho para demostrarle al gobierno que no estábamos de acuerdo y nada ocurrió después. En las mismas manos sigue el poder y nosotros nos quedamos paraditos mirando. Yo me aburrí: dejo la política. Dejo los periódicos y dejo las noticias.
    Un abrazo!! 🙂
    M.

  5. Marina dice:

    Por cierto que me encantó el “Me fui a la goma! Un blog hecho con amor…” <3 ajjaja

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