Veo Veo: Una sonrisa mejor

Sonrisas

21 de junio de 2013. Faltaba un día para mi cumpleaños y en el cielo las noches comenzaron a ser más negras. Dos veces intenté decirme a mí mismo que ya no había nada que pudiera sorprenderme, y tres o cuatro me equivoqué. Una fue con el invierno.

Lo odiaba. Yo nací a comienzos del invierno, pero siempre lo odié. El frío sobre el frío, las capas de ropa que impiden que me mueva con facilidad. Los pasamontañas de lana que pican en el cuello.

Y hacía mucho que no nos encontrábamos, el frío húmedo invernal porteño y yo. Desde mitades del 2011, no sentía el cale en los huesos, el viento que tajea los labios o el frío en las orejas. Finalmente, este 21 de junio, un día antes de mi cumpleaños, el encuentro llegó.

Invierno

.

Fue raro. Porque sí, porque es increíble la cantidad de cosas que uno puede olvidar en dos años. Y nadie lo hubiese creído, pero este invierno, a diferencia de todos los otros, me hizo sonreír. ¿Y por qué? ¡Y yo que sé! Diré que no hay una respuesta certera, sino algunas hipótesis que rondan en mi cabeza.

Arbol de invierno

Hoy me gustan los árboles en invierno.

Una viene a cuento de la incansable manía del ser humano de desear y suspirar por las cosas que no tiene. Fíjense, esa manía es intrínseca a esas palabras. Creo que de hecho, tales palabras existen gracias a esa manía. Nunca se desea algo que ya se tiene.

Haber pasado tanto tiempo sin invierno me hizo pensar “Hey, esto era algo que no sentía en mucho tiempo, que curioso. ¿Me gusta? No sé, pero es nuevo, distinto y fresco.”

Sin embargo nunca deseé ni suspiré por el invierno. No tenía ganas de verlo otra vez. Me hubiese quedado de buena gana en el clima de Playa del Carmen, echándole todas mis sonrisas al clima caribeño.

Por eso no creo que esa teoría pueda ser verdadera, al menos no del todo.

La otra hipótesis que tengo (y la que creo como más probable), es que haberme separado por un tiempo del invierno, no tenerlo por un rato, me hizo verlo de otra forma. Una nueva. Me hizo tiritar distinto, sentirlo especial. Me hizo sonreír al ver los árboles desnudos, al sentir el frío en los cachetes y también al abrazar con las manos una taza de café.

Sentirlo especial. ¡ESO ES! Ese es el por qué de mi sonrisa en el invierno.  Y, entonces, ¿será por eso que las sonrisas son especiales también? ¿Es cierto que no sonreímos todo el tiempo, que deberíamos sonreír más, y que cada vez que vemos a alguien sonreír un tambor en el esternón comienza a golpear más fuerte?

Yo creo que la intermitencia, la espontaneidad y la “falta de” hacen que las sonrisas signifiquen tanto en nuestras vidas (¡tanto como para dedicarles un veo veo! 🙂 ). Imagínense un mundo donde todos sonriéramos, todo el tiempo. Donde nos acostáramos sonriendo, nos levantáramos sonriendo y muriéramos sonriendo. ¿Qué sería lo llamativo de las sonrisas? ¿Cómo demostraríamos entonces la felicidad? ¿Qué cara pondríamos para salir en las fotos, si la sonrisa fuese omnipresente?

No señores, no hay que sonreír más. Hay que sonreír mejor. Más fuerte, con más sentimiento. Más “especialmente”, si se quiere. A diferencia de lo que se dice por ahí, la gente sonríe en las ciudades, yo lo veo todo el tiempo. Hablando por celular en el colectivo, escuchando el insulto de un taxista a un peatón, mirando vidrieras de la Avenida Santa Fé con amigas, sí que lo veo.

Pero las sonrisas de las afueras son más reales, más queribles, más penetrantes, más imborrables. La sonrisa del almacenero, del vecino que toma mate en la puerta, la de la chica que nos gusta que pasa en su bicicleta ¡Esas son sonrisas! ¡Y Esas sonrisas son las que estamos necesitando por acá!

Sonrisa

Sonrisas como esta 🙂 (Foto propiedad de Macarena Moyano)

Entonces, dejemos de lado las frases trilladas, y dejemos también de pedirle al mundo que sonría más. No, por favor, no más. Mejor. No llenemos el planeta de sonrisas, sería como llenarlo de inviernos, o de veranos. No, llenémoslo de mágica intermitencia.

Por todo eso, termino acá y les digo: denme sentimientos de pueblo cada tanto, y un invierno cada dos años. Y les devolveré una sonrisa como jamás han visto. De eso se trata.

¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

Ademaaaaas no te pierdas los fabulantásticos veo veo que hay dando vueltas por ahí: Titin round the world, Caminando por el globo, Martín AndradaHuellas en mi, Mi vida en una mochila, Los viajes de nena, Notas desde algún lugar, La otra ciudad, Por las rutas del mundo, Caminomundos, Hey hey world, Un mundo pequeño, Natillas dulces, Aldana Chiodi, Cruzar la puerta, Lillake, Mochilas en viaje, La de ojos abiertos, Los viajes de Danila Sky, La mochila de mamá, Viajando con un casio azul

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39 Respuestas a “Veo Veo: Una sonrisa mejor”

  1. Magali Vidoz dice:

    Ahhhh qué tierno ese final!! “Denme…. jajajaja y yo les daré al pueblo….” jajaja estás para presidente Marks!

  2. A mí me encanta el invierno! Pero es cierto lo que decís, cuando hace mucho frío me dan ganas de estar en una playa de arena blanca y aguas cristalinas; y cuando me estoy asando con 35 grados en verano, deseo estar en un lugar fresquito. ¿Lo mejor? El otoño y la primavera, que tienen de ambos un poquito! 🙂
    Y sí, hay que sonreír más y mejor, sobre todo: amargarnos menos (en esta ciudad es medio imposible para muchos no vivir con cara de c*** no?).

  3. Seba dice:

    Totalmente, Marcos, es la intermitencia, el contraste, lo que destaca las cosas. Un poco de invierno para añorar el calor, un poco de ciudad para echar de menos el pueblo. Y abono totalmente a la postulación de decirle no a la sobrepoblación de sonrisas vacías, sería como vivir en la ciudad de “The Truman Show”.
    Muy bueno el post.
    Abrazo
    Seba

  4. Me encanta esta frase: no hay que sonreír más. Hay que sonreír mejor. Di que sí! 🙂 Y por cierto, yo también quiero un invierno cada dos años, que todos los años se me hace muy pesado… jeje

  5. Aldana dice:

    Muy lindo!! Y sí… el ser humano es el típico inconformista, no? Hace mucho, en la tele argentina, había una publicidad que trataba sobre eso y me quedó muy muy grabada. Mostraba al que trabajaba de noche queriendo trabajar de día, al que tenía una familia constituida queriendo ser azafata para ir y venir, a la que era azafata queriendo tener una familia para quedarse, y así… con todo… creo que es una de las pocas publicidades que más recuerdo! Está bueno que a veces, solo a veces, haya menos sonrisas así las deseamos más!
    un beso!
    Aldana

  6. **Lau** dice:

    A mi con este invierno me pasó igual que a vos. Creo que es la primera vez que le sonrío al frío. Mi sospecha: porque no tengo que levantarme temprano para ir a un trabajo que no me gusta (me levanto más tarde y trabajo en pijama desde casa). Como sea, los viajes nos dan esa posibilidad. Y podemos sonreír mejor por eso!

    • Marcos dice:

      Yo me estoy levantando de noche para hacer cosas super aburridas, y así y todo este invierno me cae bien…aunque días como hoy de veintipico de grado tampoco me vienen mal!!

  7. Precioso! Yo también quiero un invierno cada dos años porque sé que si no lo tuviera lo echaría de menos y, en vez de sonrisas todo el tiempo, sólo las mejores: las sinceras. 😉

    Saludos!

  8. Juan Manuel dice:

    Hola!
    NO me imagino sonriéndole al invierno, me resulta raro pensarlo. Lo sufro y lo he sufrido pero creo que comenzaré a sonreirle porque al fin y al cabo, como la taza de café entre las manos, en esta época también los abrazos cobran otra importancia no…
    Me quedo con estas palabras: ” Nunca se desea algo que ya se tiene.” Ahora a pensar en ellas!
    Un abrazo!!! 🙂

  9. CintiaHuella dice:

    Muy lindo!! Y muy cierto!! Podríamos guardar energía de sonrisas acumulada en los labios para que luego, cuando encontremos el momento preciso, ésta pueda ser más grande… jeje

  10. Andariega dice:

    “Por todo eso, termino acá y les digo: denme sentimientos de pueblo cada tanto, y un invierno cada dos años. Y les devolveré una sonrisa como jamás han visto. De eso se trata.” Me encantó compañero veovesero! hasta el próximo 15!

  11. danilasky dice:

    Hola!!! Yo sí me imagino sonriendole al invierno!! Lo disfrutas al máximo cuando no lo tienes por meses. Yo anelahaba ver el otoño, y en mi visita a Buenos Aires, pude apreciar y sentir la ciudad diferente. Me enamoré de Baires en Otoño.
    También me quedo con la frase ” Nunca se desea algo que ya se tiene.” Es genial!!
    Fuerte abrazo.

  12. Ahhh por qué siempre describís cosas que sientooo. Creo que porque nacimos en pequeñas ciudades y terminamos en grandes ciudades, pero siempre me encuentro cuando te leo. Igual, por primera vez (?) no voy a estar de acuerdo con algo, con lo de que las sonrisas de pueblo son mejores…entiendo el punto pero no lo veo tan así. La gente de pueblo es más tranqui pero porque puede vivir más tranqui también. La gente de ciudad tiene que lidiar con mil cosas más. Tal vez diría que incluso una sonrisa de ciudad es más valedera. Me encantó igual eh. Y si tengo una crítica es que tus posts se me hacen muy cortos. Como que empiezo a embalarme y de repente terminó…QUIERO MÁS MARCOS. Voy a hacer como en la escuela y te voy a empezar a exigir un mínimo de palabras.

    • Marcos dice:

      Como en las pruebas de idiomas, que tenés que redactar algo con cierta cantidad de palabras!! a veces pienso que cansa, entonces lo corto, jajaj
      Y puede que tengas razón con las sonrisas de pueblo, lo que pasa es que en la ciudad cuesta ver qué sonrisas son las que valen y qué sonrisas no…algo así como los billetes falsos, seguro encontrás muchos más en la ciudad 😀
      Gracias por este comentario, fue como muy completo!

  13. Mariela dice:

    Hola Marcos! Qué lindo leerte… Llegué al blog de casualidad, estoy viajando hace un año y hoy no sé porque me levanté con ganas de informarme acerca del tema de las divisas extranjeras en mi querida Argentina… y acá estoy! Y más allá de los dolores de cabeza que me agarran, me fascina saber que a pesar de todo los Argentinos seguimos viajando… No sé bien cómo, pero la realidad es que seguimos viajando!!! Y no quería dejar de agradecerte por los posts informativos, la verdad que para uno que no entiende nada de economía ni de leyes, es una gran ayuda encontrar cosas como estas. Y una gran compañia! (Para mi que viajo sola). Estoy pasando por una etapa muy inconformista de mi viaje, muchos replanteos y nostalgias…. me sacaste una sonrisa con tu relato. Gracias.

    • Marcos dice:

      Mariela,
      Yo soy un inconformista de la vida! pero hay que intentar “comparar inconformidades” y ver cuál es peor, jaja.
      Por dónde andás viajando?? Se siente bien saber que hay gente viajando a la que le sirven estas cosas, y al mismo tiempo se da un tiempo para leer cosas más “inservibles” como este relato :).
      Un beso grande!

  14. zamanis1 dice:

    Me encantó este post, que bueno leer que no hay que reírse “más” sino “mejor” es como eso de que hay que SER FELIZ todo el tiempoooo sin saber exactamente de qué se trata… uff, en fin, me gusta el blog, besos!

    • Marcos dice:

      Muchas muchas gracias, es justo eso lo que intentaba transmitir con el post…dejar de lado lo trillado y buscar el verdadero sentido de las palabras…SER FELIZ?? Ok, pero… qué significa realmente?
      Lo mejor de todo es que seguramente para cada uno quiere decir algo distinto, incluso para algunos no quiere decir nada!

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